domingo, abril 24, 2011

Irving Kristol, William Safire, Bill Buckley, Robert Novak... ¿quién toma el relevo?

"Los últimos 18 meses han tenido un coste trágico en vidas de grandes conservadores norteamericanos. A Safire se suman los periodistas Bill Buckley y Robert Novak, o pensadores como el liberal Milton Friedman y el padre del neoconservatismo, Irving Kristol, bien glosado en estas páginas por Florentino Portero. La impronta que dejan da la medida de su pérdida."

Tomo este último párrafo de la columna de 30 de septiembre de 2009 en el ABC de Ramón Pérez-Maura, que coincide con esta opinión:
"Los neoconservadores ocupaban un espacio en la política estadounidense antes del 11 de Septiembre de 2001 y no van a evaporarse cuando George W. Bush deje el Despacho Oval. Quizá el grupo haya visto menguada su influencia, pero desde hace casi cuatro décadas los norteamericanos, demócratas incluidos, han absorbido el ideario neoconservador -que gracias a la tecnología ha atravesado las fronteras y ocupa un lugar en el espectro político de otras naciones-, así que debemos suponer que el ascendente neocon permanecerá a través de su participación en medios de comunicación y centros de estudios.

No obstante, si a corto plazo parece que la herencia neoconservadora perdurará aún, más allá se dibuja otro desafío para la perduración de sus postulados: la necesidad de que surja una tercera generación que pueda ocupar el lugar de sus mayores. Porque los imperialistas democráticos son pocos, un grupo reducido aunque muy activo, pero ya de una cierta edad, que en algún momento deberá afrontar un proceso de renovación si desea tener continuidad en el panorama político de Estados Unidos. La escasa articulación del neoconservadurismo como escuela de pensamiento puede ser un escollo en esa sucesión, aunque ya se aprecian algunas personalidades que parecen dispuestos a tomar la antorcha."

Saco esto, con motivo del último post sobre los neoconservadores de este blog, en el que ya digo que la derecha -principalmente la académica y la intelectual- estadounidense necesita un refresco. La nueva generación de opinion-makers no es tan atractiva, brillante ni consistente como su antecesora. Ahora ese fuerte está bien defendido por los R. Kagan, W. Kristol, M. Gerson, etc. a los que aún quedan muchos años de buena producción intelectual, pero y tras ellos... Nada de relumbrón, más agitadores que pensadores.

Revistas como The Weekly Standard o Commentary, por citar las dos archisabidas, eran vivero constante de ideas para plantear nuevas políticas públicas. Los artículos de crítica cultural o rebatiendo los beneficios del Estado del bienestar alimentaron la toma de decisiones. Despojados de la brillantez, los movimientos conservadores reducen su capacidad para atraer a nuevas figuras y nuevos votantes, y abocados al número de opinadores por metro cuadrado, los demócratas ganan.

Quizá exageradamente algunos han hablado de la muerte del conservadurismo (no de la derecha como escribe Jorge Mestre), y sin creer que a tanto llegue la cosa, si es cierto que, tras los 8 años de gobierno de Bush, no hay osadía intelectual ni grandes ambiciones.

Un poco a lo Rajoy, se trata de jugar a no perder, para ver si Obama se hace suficientes autogoles como para hacer que un Republicano llegue a la Casa Blanca. Y si no esperar a 2016 (los candidatos más prometedores del partido parecen dispuestos a esperar, dejando el campo libre para otros jugadores). Hay indecisión sin liderazgo. Dirimirse entre Donald Trump y Mitt Rommey es elegir entre susto o muerte. Esta debilidad del bando republicano hace que las posibilidades de reelección de Obama, incluso a pesar de Obama, sean mejores de lo que cabía esperar hace unos meses.

Y me preguntarán algunos, pero y, el Tea Party ¿qué? ¿No se suponía que era un movimiento renovador que traía frescura al debate de ideas en la derecha norteamericana? Pues sí, no y todo lo contrario a la vez. Porque el Tea Party hoy no está definido en sus contenidos. Es un work in progress. El discurso del Tea Party es tradicionalista y, fundamentalmente, se dirige contra el gran gobierno y los aumentos de impuestos y cierta crítica a los usos y costumbres de Washington. ¿Eso es original? Fuera de esto, hay grandes diferencias según el origen por estados, según si residen en ciudades o en el campo, en cuanto a política exterior los hay de todo pelaje... Es decir un movimiento muy diverso al que le falta definición. Supongo que irá ganándola según se acerquen las elecciones de 2012, sobre todo si hay algún aspirante a la candidatura republicana adscrito a este grupo.

Pero, por señalar una sola de las tensiones que pueden llegar darse en el seno del GOP, sabemos del Tea Party es que es un movimiento antielitista o populista -la elección del adjetivo depende mucho de donde se sitúe uno-, lo que no cuadra bien con el neoconservadurismo. Esta es una de las paradojas patentes y que se acentúan cuando el Tea Party decide ir a su aire y alejarse del Partido Republicano mainstream.

¿Deberán esperar a 2016 los republicanos? Nadie lo sabe. Todo puede cambiar. Puedo estar equivocado. Puede darse un dinamismo intelectual en los conservadores que de verdad sea fortalecedor y permita captar nuevas sangres y bríos. Las respuestas no están escritas.

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