miércoles, abril 27, 2011

¿Algún voluntario?

En alguno de los últimos posts ya he hablado sobre la desoladora perspectiva que hasta la fecha ofrece el Partido Republicano de cara a las elecciones presidenciales de 2012. Esta viñeta (del muy pro-demócrata Toles -del Washington Post de ayer-) resume a la perfección lo que puede sentir cualquier persona razonable ante la inexistencia de ni un sólo precandidato confirmado, mientrás Obama ya tiene garantizada la candidatura demócrata, ha formado a su equipo de campaña para la reelección y está recaudando dinero...




Pues así está la cosa...

lunes, abril 25, 2011

¿Gestión pública?


Non Sequitur 20 de abril de 2011

domingo, abril 24, 2011

Irving Kristol, William Safire, Bill Buckley, Robert Novak... ¿quién toma el relevo?

"Los últimos 18 meses han tenido un coste trágico en vidas de grandes conservadores norteamericanos. A Safire se suman los periodistas Bill Buckley y Robert Novak, o pensadores como el liberal Milton Friedman y el padre del neoconservatismo, Irving Kristol, bien glosado en estas páginas por Florentino Portero. La impronta que dejan da la medida de su pérdida."

Tomo este último párrafo de la columna de 30 de septiembre de 2009 en el ABC de Ramón Pérez-Maura, que coincide con esta opinión:
"Los neoconservadores ocupaban un espacio en la política estadounidense antes del 11 de Septiembre de 2001 y no van a evaporarse cuando George W. Bush deje el Despacho Oval. Quizá el grupo haya visto menguada su influencia, pero desde hace casi cuatro décadas los norteamericanos, demócratas incluidos, han absorbido el ideario neoconservador -que gracias a la tecnología ha atravesado las fronteras y ocupa un lugar en el espectro político de otras naciones-, así que debemos suponer que el ascendente neocon permanecerá a través de su participación en medios de comunicación y centros de estudios.

No obstante, si a corto plazo parece que la herencia neoconservadora perdurará aún, más allá se dibuja otro desafío para la perduración de sus postulados: la necesidad de que surja una tercera generación que pueda ocupar el lugar de sus mayores. Porque los imperialistas democráticos son pocos, un grupo reducido aunque muy activo, pero ya de una cierta edad, que en algún momento deberá afrontar un proceso de renovación si desea tener continuidad en el panorama político de Estados Unidos. La escasa articulación del neoconservadurismo como escuela de pensamiento puede ser un escollo en esa sucesión, aunque ya se aprecian algunas personalidades que parecen dispuestos a tomar la antorcha."

Saco esto, con motivo del último post sobre los neoconservadores de este blog, en el que ya digo que la derecha -principalmente la académica y la intelectual- estadounidense necesita un refresco. La nueva generación de opinion-makers no es tan atractiva, brillante ni consistente como su antecesora. Ahora ese fuerte está bien defendido por los R. Kagan, W. Kristol, M. Gerson, etc. a los que aún quedan muchos años de buena producción intelectual, pero y tras ellos... Nada de relumbrón, más agitadores que pensadores.

Revistas como The Weekly Standard o Commentary, por citar las dos archisabidas, eran vivero constante de ideas para plantear nuevas políticas públicas. Los artículos de crítica cultural o rebatiendo los beneficios del Estado del bienestar alimentaron la toma de decisiones. Despojados de la brillantez, los movimientos conservadores reducen su capacidad para atraer a nuevas figuras y nuevos votantes, y abocados al número de opinadores por metro cuadrado, los demócratas ganan.

Quizá exageradamente algunos han hablado de la muerte del conservadurismo (no de la derecha como escribe Jorge Mestre), y sin creer que a tanto llegue la cosa, si es cierto que, tras los 8 años de gobierno de Bush, no hay osadía intelectual ni grandes ambiciones.

Un poco a lo Rajoy, se trata de jugar a no perder, para ver si Obama se hace suficientes autogoles como para hacer que un Republicano llegue a la Casa Blanca. Y si no esperar a 2016 (los candidatos más prometedores del partido parecen dispuestos a esperar, dejando el campo libre para otros jugadores). Hay indecisión sin liderazgo. Dirimirse entre Donald Trump y Mitt Rommey es elegir entre susto o muerte. Esta debilidad del bando republicano hace que las posibilidades de reelección de Obama, incluso a pesar de Obama, sean mejores de lo que cabía esperar hace unos meses.

Y me preguntarán algunos, pero y, el Tea Party ¿qué? ¿No se suponía que era un movimiento renovador que traía frescura al debate de ideas en la derecha norteamericana? Pues sí, no y todo lo contrario a la vez. Porque el Tea Party hoy no está definido en sus contenidos. Es un work in progress. El discurso del Tea Party es tradicionalista y, fundamentalmente, se dirige contra el gran gobierno y los aumentos de impuestos y cierta crítica a los usos y costumbres de Washington. ¿Eso es original? Fuera de esto, hay grandes diferencias según el origen por estados, según si residen en ciudades o en el campo, en cuanto a política exterior los hay de todo pelaje... Es decir un movimiento muy diverso al que le falta definición. Supongo que irá ganándola según se acerquen las elecciones de 2012, sobre todo si hay algún aspirante a la candidatura republicana adscrito a este grupo.

Pero, por señalar una sola de las tensiones que pueden llegar darse en el seno del GOP, sabemos del Tea Party es que es un movimiento antielitista o populista -la elección del adjetivo depende mucho de donde se sitúe uno-, lo que no cuadra bien con el neoconservadurismo. Esta es una de las paradojas patentes y que se acentúan cuando el Tea Party decide ir a su aire y alejarse del Partido Republicano mainstream.

¿Deberán esperar a 2016 los republicanos? Nadie lo sabe. Todo puede cambiar. Puedo estar equivocado. Puede darse un dinamismo intelectual en los conservadores que de verdad sea fortalecedor y permita captar nuevas sangres y bríos. Las respuestas no están escritas.

sábado, abril 23, 2011

Maravillas revertianas (X): Treinta y seis aguafiestas

TREINTA Y SEIS AGUAFIESTAS
ARTURO PÉREZ-REVERTE | XLSemanal | 5 de Enero de 2009

Lo bonito del putiferio en el que, poco a poco, nos instalamos con toda naturalidad, es que las películas de Berlanga empiezan a ser, comparadas con el paisaje actual, versiones sosas de lo nuestro. Eso está bien, pues con algo hay que disfrutar antes de palmarla. Y los periódicos, y los telediarios, y tender la oreja al runrún de cada día, deparan momentos sublimes de juerga moruna. Dirán algunos que de ciertas cosas no hay que reírse, pues nada tan virtuoso como la indignación ante la injusticia o la estupidez. Pero uno acaba por asumir lo evidente. En España, la justicia, las virtudes y la indignación ajena importan un huevo de pato. Derechas, izquierdas, nacionalistas y demás oportunistas, ciudadanos de infantería incluidos, cada cual va a lo suyo. Impasible mientras no le toque. El héroe nacional no es don Quijote, sino don Tancredo. De manera que, como analgésico, a veces resulta útil atrincherarse en la risa. Reír, según la manera, es también un modo de ciscarse en su puta madre. En la de ellos –rellenen ustedes con nombres la línea de puntos– y en la de los incautos e imbéciles que los engordan.

La última es finísima. Buscando los restos de doce republicanos asesinados en el pueblo turolense de Singra, una asociación para la recuperación de la llamada memoria histórica desenterró hace más de un año, por error, treinta y seis cadáveres de soldados muertos durante la Guerra Civil, en la batalla de Teruel. Examinados los restos por un equipo de arqueólogos y forenses, y tras comprobar que allí nadie había sido fusilado, sino que todos eran hombres –muchos muy jóvenes– muertos en combate, los bienintencionados desenterradores no supieron qué hacer con tanto fiambre fuera de programa. De haber sido los doce republicanos asesinados, la historia habría salido redonda: homenaje a las víctimas, malvados nacionales y demás parafernalia. Incluso con soldados leales a la República, el asunto habría tenido por dónde agarrarse. Pero se daba la incómoda circunstancia de que los muertos, enterrados en fosa común en el mismo campo de batalla, pertenecían tanto al ejército nacional como al republicano. Eran de los dos bandos, mezclados en la barbarie de la guerra y la tragedia de la muerte. Españoles sepultados juntos, como debía y debe ser. Como lección y homenaje, deliberado o casual, de sus enemigos y compañeros. Así que imaginen el papelón. Nuestro gozo en un pozo, colega. Esto no hay quien lo venda al telediario. Treinta y seis aguafiestas jodiendo el invento.

Pero lo más fino es la solución. Tan de aquí, oigan. Tan española. Disimula, Manolo, y silba mirando para otro lado. Unas cajas de cartón, el alijo dentro, y los treinta y seis juegos de huesos depositados en las antiguas escuelas del pueblo. Guarden esto aquí un momento, háganme el favor, que vamos a comprar tabaco. Hasta hoy. Y mientras escribo esta página, los despojos llevan trece meses muertos de risa, metidos en las mismas cajas, sin que nadie se haga responsable. El alcalde de Singra, que es socialista, anda un poquito mosqueado, diciendo que no está bien tener ahí los huesos de cualquier manera; que cualquier día entran unos perros y se ponen ciegos mascando fémures de ex combatientes, y que los de la asociación desenterradora tendrían que hacerse cargo del asunto, comprar féretros y sepultar aquel circo como Dios manda. Y los otros, por su parte, llamándose a andana. Diciendo que, como no son los familiares que buscaban, pues que tampoco hay prisa, buen hombre. Ni se acaba el mundo ni nos corren moros, que decían los clásicos. La asociación es modesta, no está para muchos gastos, y ya se hará cargo cuando buenamente pueda. Si puede.

Y claro. Uno piensa que, por azares de la vida y de la Historia, quien pudo acabar en esa fosa tan alegremente abierta pudo ser mi tío paterno, el sargento republicano de diecinueve años Lorenzo Pérez-Reverte; o el alférez nacional Antonio Mingote Barrachina, que es la bondad en persona, con quien me siento cada jueves en la RAE; o el padre de mi compadre Juan Eslava Galán, que hizo media guerra en un bando y media guerra en otro. Y los imagino a todos ellos, o a otros como ellos, descansando tranquilos y a gusto desde hace setenta años en su fosa común de Singra o de donde sea, bien juntos y revueltos unos con otros, rojos y nacionales, tras haberse batido el cobre con saña cainita y mucho coraje, como Dios manda. Y en eso llega una panda de irresponsables, les pone los huesos al aire y los deja en cajas de cartón, porque en realidad buscaban a otros. Y las quejas, al maestro armero. E imagino sus chirigotas y carcajadas de caja a caja y de hueso a hueso. Fíjate, compañero. Memoria histórica, la llaman. Hay que joderse. ¿Sabrá un burro lo que es un pictolín? Triste y estúpida España, la nuestra. La de entonces y la de ahora. Por esta peña de subnormales no valía la pena matarnos, como nos matamos.

Revisando el blogroll

Nueva revisión del blogroll...

Saliendo:
Fiebre del Potomac
Global Political Studies - GPS
La Off-Off Crítica
Lente Planetario
Libertad al día
Miradas Glocales

Anotando Libros sustituye a Libros y Lecturas (mismo autor pero el ritmo de posteo es muy distinto).

Volviendo:
Florentino Portero, que ha sido intermintente en su relación con los blogs, ahora con Más Allá de la Taifa.
Nueva ocasión para el blog de Gustavo de Arístegui... que nunca ha sido prolífico pero que parece que vuelve a postear algo... a ver si dura.

Novedad: Meghan McCain, con su página en Daily Beast.

viernes, abril 15, 2011

El futuro de los neocons. Nueva entrega de la saga

No se le escapa a nadie que las revueltas y protestas en los países musulmanes han supuesto que el ideario neocon -identificado con la Agenda de la Libertad de Bush- haya vuelto a la actualidad. Y que, para sorpresa de muchos de nosotros, los partidarios de impulsar la democracia por el globo, llegando incluso a la intervención, son ahora mayoría. Sobre esta "Primavera Neocon" hablaré en otro momento, pero lo cierto es que los debates sobre, no el presente de los neocons, sino en el futuro del movimiento. 

Yo hace unos años reflexionaba sobre la misma cuestión. Dado que no se publicó en ningún lado recupero ese texto y lo copio aquí:

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 Incrementar nuestro ejército no será suficiente. Además como Comandante en Jefe, usaría nuestras fuerzas armadas sabiamente. Cuando enviemos a nuestros hombres y mujeres al peligro, definiré claramente la misión, pediré el consejo de nuestros comandantes militares, evaluaré los datos objetivamente y garantizaré que nuestras tropas cuentan con los recursos y el apoyo que necesitan. No dudaré en usar la fuerza, unilateralmente  si es necesario, para proteger al pueblo de los Estados Unidos o nuestros intereses vitales, cuando quiera que sean atacados o amenazados inminentemente”. Barack Obama en “Renewing American Leadership”, artículo publicado en Foreign Affairs, nº Julio-Agosto 2007. (Traducción propia)

Según la opinión común la Administración Bush es culpable de neoconservadurismo. Según esa misma opinión común las elecciones de noviembre de 2008 pusieron fin a esta controvertida etapa, porque Barack Obama no seguiría esa senda. Todo lo anterior es opinión común pero no necesariamente cierto: ni el neoconservadurismo llegó a la política de la mano de George W. Bush ni se extinguirá durante la cuadragésimo cuarta presidencia de los Estados Unidos. Y a los más recientes hechos nos remitimos.
Para entender el posible futuro de los neoconservadores hay que comprender su trayectoria. Ésta arrancó durante los años sesenta y setenta del siglo pasado con el desencanto de algunos demócratas con su Partido por considerar que la aceptación de los valores contraculturales minaba los valores sociales básicos, asociados al modelo familiar tradicional. Como escribió Irving Kristol:
"Nuestros intelectuales pueden sentirse "alienados" en la ortodoxia representada por The American Way of Life; pueden sentirse a disgusto en el mundo creado por ese modo de vida. El pueblo norteamericano, en su abrumadora mayoría, no se siente ni tan alienado ni tan a disgusto. Por su parte, el neoconservadorismo (sic.) se autoimpuso el designio de explicar al pueblo norteamericano por qué está en lo cierto, y a los intelectuales por qué están equivocados". (Reflexiones de un neoconservador, Buenos Aires, 1986).
En política exterior pensaban que la Distensión emprendida por Nixon y Kissinger debilitaba a Estados Unidos frente a la Unión Soviética, un régimen expansionista con el que no cabía posibilidad de coexistencia pacífica. Así, los neocons fueron forjando el desprecio moral al pragmatismo realista porque, según Percival Manglano:
La suya era y es una visión muy moralizada del ejercicio del poder en un mundo en el que se enfrentan las fuerzas del bien y del mal. Esta visión les impulsa a querer crear un mundo nuevo a imagen de las virtudes norteamericanas, opuesto a otro antiguo, corrupto, maquiavélico y cínico (“Los Neoconservadores”, GEES. Colaboraciones nº 18, pág. 3; accesible en internet).

Con la intención de frenar la deriva/decadencia demócrata irrumpió el neoconservadurismo en la vida pública estadounidense, sobre los ejes de la oposición al relativismo moral en la vida nacional y al realismo en política exterior. Eran los años de Irving Kristol y Norman Podhoretz. Años marcados por la Guerra de Vietnam. En aquel entorno, las ideas de los neoconservadores, moralistas, idealistas y confiadas en los valores y el poder de Estados Unidos, simplemente, no encajaban. Pero no se podía renunciar a dar la batalla cultural.

Los neoconservadores no cejaron y, alrededor de senadores demócratas Henry M. Jackson -a.k.a. "Scoop"- y Daniel P. Moynihan, de algunas cátedras universitarias, de las revistas Commentary y The Public Interest y de algunos centros de estudio (como el Committee to Maintain a Prudent Defense Policy), iniciaron la tarea de divulgar sus opiniones a la sociedad estadounidense.
Con la presidencia de Ronald Reagan y la llamada Revolución Conservadora el entorno social se volvió más receptivo para el mensaje de los neocons, permitiéndoles concentrarse en los asuntos internacionales y abandonar el Partido Demócrata por el Republicano.
El anticomunismo de Reagan brindó el marco propicio para que los neocons llevasen sus convicciones al aparato de política exterior norteamericano. Era el momento de Richard Perle, William Kristol y Paul Wolfowitz.
En los años noventa, los años del Nuevo Orden Mundial y del Fin de la Historia, George W. H. Bush encarnó la vuelta al realismo y el fin del activismo reaganiano. Justo cuando, según los neoconservadores, el colapso soviético daba la oportunidad de reconstruir el sistema internacional sobre sus propios valores, Estados Unidos se plegaba a una visión limitada del interés nacional. Era el momento unipolar y debía ser el momento para definir el futuro de la comunidad internacional. En definitiva, era el momento de liderar. Pero George H. W. Bush se desentendió de ese liderazgo, como se hizo ostensible cuando, durante la Guerra del Golfo (1990-91), optó por no derrocar a Saddam Hussein. Colin Powell y Dick Cheney participaron en aquellas decisiones. Aquel fue un punto crítico para los neoconservadores y la traición a unos aliados (a los iraquíes a los que se había animado a rebelarse y a los propios ideales estadounidenses). George W. H. Bush era el principal responsable, pero también lo era en parte la Organización de las Naciones Unidas, cuyo mandato para la guerra constriñó el poder estadounidense y permitió la pervivencia del régimen iraquí.
La presidencia de Bill Clinton fue una etapa de nuevas decepciones. Su política exterior, a ojos neoconservadores, careció de determinación para acabar con Al Qaeda y de contundencia al enmarañarse en un multilateralismo poco efectivo. 
Como en el pasado, los neocons se dedicaron a transmitir a la opinión pública su visión sobre el papel de Estados Unidos en el mundo tras la Guerra Fría. Una vez más, volvieron a las universidades, los medios de comunicación –fundamentalmente The Wall Street Journal, The Weekly Standard y The National Interest-, y los think tanks, como The Project for the New American Century y The American Enterprise Institute for Public Research. Era el momento de Charles Krauthammer.
Con George W. Bush en el poder, los neoconservadores volvieron al gobierno, pero fue el 11 de septiembre de 2001 lo que les hizo saltar a primer plano, al ser los primeros en dar al presidente un análisis de lo sucedido y ofrecerle un plan para combatir las amenazas globales contra Estados Unidos. Ese diseño, en el que destacaban la noción de guerra preventiva, la predisposición al unilateralismo y el recelo hacia las instituciones internacionales, se integró en las Estrategias de Seguridad Nacional 2002 y 2006. Era el momento de Paul Wolfowitz, William Kristol y Robert Kagan.
Y, ahora, en el momento de Obama, lejos de haber sido triturado el pensamiento neoconservador, su influjo se siente. Obviamente más en el lado republicano, Robert y Frederick Kagan, Irving Kristol, Max Boot y otros tantos en FOX, Weekly Standard, etc. ocupan y hacen opinión. Modelan debates. Debates en los que el equipo de política exterior de Obama no escapa y que se han sentido en Libia -"Gaddafi debe abandonar el poder"-. La política exterior, de defensa y de seguridad está totalmente permeada por el discurso neoconservadurismo.
Se sentía cuando Obama insistía en la campaña electoral en recuperar la seguridad de Estados Unidos mediante el despliegue de un escudo antimisiles efectivo. Se notaba cuando habló de reformar las Fuerzas Armadas para mantener una superioridad militar imbatible. Se ha notado cuando ha sostenido que Estados Unidos está abocado al liderazgo y manifiesta la convicción de que la suya es la nación indispensable. Se nota cuando no rechaza la posibilidad de acciones militares unilaterales, ni la estrategia preventiva, ni las coalitions of the willing. Y hay más ejemplos.

¿Puede sostenerse que los neoconservadores han perdido influencia? Quizá podamos hablar de reajuste pero no de desaparición de sus principios.
Los neoconservadores ocupaban un espacio en la política estadounidense antes de George W. Bush y no se evaporarán cuando él salga del Despacho Oval. Si la nueva Administración no cuenta con ellos, su actividad continuará en medios de comunicación, think tanks y cátedras desde las que hace casi cuatro décadas transmiten su visión del mundo a los norteamericanos.
 Eso sí, se acerca el momento de que los neoconservadores afronten un relevo generacional que traiga nuevos grandes nombres a su bando. De la brillantez de esos nuevos discípulos dependerá en gran medida la capacidad de atracción de los neocons. Ésa será la prueba de fuego para comprobar si los planteamientos neoconservadores mantienen su atractivo. Pero según C. Bradley Thompson esa renovación va a ser contante, dado el dominio de los straussianos en el ámbito universitario estadounidense.

Y de esas universidades y de internet, asistimos a otro punto de renovación del neoconservadurismo: la de su extensión global. Los estudiantes en esas Universidades norteamericanas, de prestigio, de calidad, forman una elite en la política y en el gobierno de sus países, y su bagaje intelectual llega a sus respectivos países. Internet, el acceso a las publicaciones y op. eds. permiten la vulgarización y extensión del pensamiento político neoconservador más allá de las elites.

Pero no todo es tan brillante en el futuro neoconservador. La relación con el Tea Party -contrario al gran gobierno y antielitista-, en apariencia armónica pero en la práctica tensa y contradictoria, el futuro del GOP, muy endeble, atado a eslogánes sobre la reducción de impuestos, no parece capaz de traer grandes renovaciones. Y eso, para aquellos que en su etiqueta llevan el prefijo "neo", debe ser una exigencia permanente.
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Interesantes videos:
Andrew Bacevich Vs David Frum

Sobre la expansión del pensamiento neoconservador en América Latina.

Y la presentación de dos libros contrapuestos:
Neoconservatism: An obituary for an Idea (con un intenso debate online vinculado) y The Neoconservative Persuasion