martes, septiembre 21, 2010

Los libros como unidad de medida

¿Cómo se mide si un gobierno estadounidense -luego aclaro por qué sólo vale para estadounidenses- fracasó en sus intentos de sacar adelante ciertas políticas? Obviamente, hay una serie de formas para medir el nivel de logros y fiascos de cada presidente, administración y equipo que pasó por la Casa Blanca de acuerdo a sus objetivos, pero cuando las cosas se tuercen de tal modo que una Administración se despeña por el oprobio, empiezan a proliferar como hongos los libros de todos aquellos que pasaron por allá. Los autores del destrozo salen del gobierno y a buen paso entran en las librerías. A más libros, mayor percepción de fracaso y más necesidad de autoreivindicarse y pasar las responsabilidades a otro(s). Ah, y en el camino se ajustan algunas cuentas ¿no? Incluso, si el libro es muy bueno puede redimir la reputación del autor y ser el punto de partida para un buen "come back". En general, constituyen un género literario interesante y muy atractivo para los miramos con cierto idealismo malsano a la política. Si el libro es bueno ofrece una extraordinaria posibilidad de conocer una época; si es correcto o, incluso, flojo por lo menos habrá un montón de chismes y curiosidades entretenidos. No tengo tan claro que sinceridad y verdad estén siempre presentes.



En todo caso, un libro "contándolo todo" (sea biografía autorizada, autobiografía, relato de vivencias, memorias o lo que se tercíe), abre la posibilidad una carrera en los medios de comunicación a la que un exfuncionario no debe renunciar a la ligera -think tanks, universidades y grandes empresas son las otras opciones típicas-. Ya se sabe, un día invitado a presentar el libro, si es simpático y se maneja bien ante el micrófono o la cámara, al día siguiente analista, columnista o contertulio: el bien informado "Mr. J., ex-asesor del presidente John Quincy Adams y que conserva buenos contactos en el partido y blablabla", siempre luce mucho. Ayuda si la editorial que publica el libro forma parte de un conglomerado multimedia.

Y decía antes que esto sólo pasa en Estados Unidos porque es prácticamente el único sitio donde se conocen los nombres y ocupaciones de los asesores de presidenciales -muy lógico que, dado que ocupan puestos de responsabilidad se les pueda ligar y responsabilizar de sus decisiones, consejos, etc.-. Ventajas de una sólida cultura democrática y eso del accountability al que se debe sujetar a todo aquel que maneja asuntos y finanzas públicas.  

¿Alguien puede citar el nombre de tres personas que asesoran al Presidente Zapatero? Mucho pedir cuando la mayor parte del gabinete español en ejercicio es desconocido... Los fontaneros y asesores monclovitas operan en las sombras y -casi- en la impunidad.

Bueno, pues como decía, si a mayor cantidad de libros escritos por los protagonistas la percepción de fracaso y la necesidad de justificación son mayores, la Administración de George W. Bush debe haber sido una de las más desgraciadas de la historia. Prácticamente, todo el que anduvo cerca ha salido a la palestra, algunos combativos y otros autoflagelantes.

Véase: George -de próxima aparición- y Laura Bush, David Frum, Karl Rove, Michael Gerson, Dick Cheney, Donald Rumsfeld, Scott McLellan, Douglas Feith y Matt Latimer, son nombres que no tengo ni que "googlear" -que si lo hiciera seguro que me áparecían algunos más-, para saber que un libro -o más- es su escudo. Condoleezza Rice va a presentar un nuevo libro sobre su familia. Me da que Condi no se ha ido y está esperando su regreso...

Acabo de terminar el de Latimer. Supongo que nunca verá la luz en español. Ni reniega totalmente de su etapa junto a Rumsfeld y Bush, ni los defiende a capa y espada. O sea que no tendrá muchos a favor para su publicación. Una lástima porque lo merecería. No es el libro que cambió mi vida pero está lo suficientemente bien escrito para lograr su objetivo: que simpaticemos con su autor.

Básicamente, se trata de cómo un joven conservador, admirador de Reagan sobre todas las cosas, llega a Washington con la aspiración de ser escritor de discursos en la Casa Blanca y lo consigue. Con unas cuantas desilusiones por el camino. Sobre todo se queda con la sensación de que el movimiento conservador no tiene muchos auténticos seguidores dentro del Partido Republicano. Que los ideales son leve caparazón para arribistas y profesionales de la política a la búsqueda de un ascenso o un cargo.

Bien librados: Rumsfeld, Cheney, Hadley. Pocos más.

Damnificados: Rove, McCain, Rice. Unos cuantos.

¿Y sobre George Bush? Lean el libro, que no se lo voy a dar todo hecho ¿no?

Ah, por si quieren seguirle el rastro a Latimer, su blog.

2 comentarios:

Wallenstein77 dijo...

Hola a todos:
Tienes mucha razon. Es curioso como todo aquel que sale del poder,aunque fuese asesor de algun asesor, acaba escribiendo algun libro para exculparse. Aqui es mas dificil que eso suceda, quiza porque la mayoria de ellos no podrian ni acudir de contertulios ni a Salvame mas alla de sus cuatro consignas.

Un saludo y recuerdos a Josh Lyman.

Dick Turpin dijo...

Señor Wallenstein,

Saludos y disculpas por el retraso. En España sólo recuerdo un caso así: Julio Feo, que fue secretario general de presidencía con Felipe González. Sus libros de memorias tienen interés, destilan algunas dosis de veneno y manifiestan una visión de futuro tremenda -de esos que escribía que la primera legislatura de Zapatero había sido pasmosa pero mal contada y que la segunda iba a ser de puros éxitos..., no sé si ahora seguirá en eso o habrá dicho otra cosa-.

En Estados Unidos se estila mucho. Además tiene su lógica, dado que tras haber pasado por el gobierno muchos se dedican a los think tanks y a las universidades... ámbitos donde un libro da puntos. En España, políticos y libros se llevan mal... hay excepciones.
También a diferencia de lo que ocurre en EE.UU, donde esos libros aparecen casi inmediatamente a la salida de "los despachos", la publicación de esos libros se demora mucho...

Saludaré a Josh y a Toby de tu parte.
DT