viernes, marzo 26, 2010

Sobre cómo relacionarse con dictadores...

Ahora que se ha puesto de moda hablar un poco -ligerito y de pasada- sobre cómo debemos relacionarnos con dictadores -los Castro- e imitadores -Chávez-, recupero una columna de Alfonso Rojo. Básicamente, como hay que tratar con todos estos elementos porque no queda más remedio -si los Estados sólo se relacionasen con los amigos y aliados las Cumbres se quedarían en planicie-, pues hay que hacerlo pragmáticamente, pero sin dar apoyo político -o sea justo al revés de como gusta hacer al nuestro gobierno-, y buscando influir a largo plazo y tal. 

Pero creo que el argumento de Rojo adolece de conexión con la realidad en un punto: ¿por qué un jerifalte de dictadura al uso va a querer mandar a su churumbel a un centro de estudios español? Para que no aprenda nada ya lo manejan en casa y si quieren que el dinero gastado salga a cuenta, que cada céntimo obtenido del salario y otras corruptelas cuesta, pues se le manda a Estados Unidos, Inglaterra, Francia y así.

Así que vamos a tener que hacer algo para atraernos a semejante personal porque si es por la oferta educativa, vamos apañados. Diversificar y turismo de calidad tendrá que ser ¿no?

Al otro lado del charco - ALFONSO ROJO (ABC - 26/06/2008 página 38)


No les voy a poner la cabeza como un bombo, clamando contra la forma en que se enseña Historia de España o recordando que cualquier escolar, aquí, está al tanto de las supuestas hazañas de un criminal ecológico como Búfalo Bill y no tiene ni puñetera idea de las proezas de Hernán Cortés o Francisco Pizarro.


El otro día escuché al siempre ponderado Carlos Solchaga repetir eso de que es mucho más sencillo para un español «por idioma y afinidad cultural» hacer negocios en Hispanoamérica, que para un norteamericano, un inglés, un francés o un alemán.


La frase tiene un fondo de verdad, pero me llama la atención que lumbreras, como el ex ministro socialista, no se pregunten en voz alta si nuestro país está haciendo todo lo que se deberá hacer para aprovechar ese inmenso filón que es la sintonía en el idioma, la cultura, los valores y hasta los genes con una comunidad de más de 500 millones de seres humanos.


No está de más comparar. Los británicos tienen eso que se llama Commonwealth, donde se agrupan 53 países que comparten lazos históricos con el Reino Unido.


Los franceses no sólo gozan de una rentable influencia en África, apuntalada por una disuasoria presencia militar, sino que han articulado gracias a la Alliance Franchise- una tupida red cultural muy rentable.


Sólo en España, la Alliance cuenta con 21 centros, casi los mismos que nuestro alabado Instituto Cervantes tiene en todo el continente americano.


Lo que se echa en falta en España son ganas y es planificación. Estás cosas no se pueden dejar al albur. Hay que diseñarlas como si de una estrategia militar se refiere y eso implica, además de abrir aulas culturales y centros de enseñanza del español, conceder becas y cursos de posgrado a granel.


Y en todos los ámbitos. Aunque nuestra política de Defensa sea muy alicorta, no costará nada facilitar a un buen número de oficiales procedentes del otro lado del Charco que se graduasen en la Academia Militar de Zaragoza. Alguno te saldrá rana, como nos ha pasado con el guineano Teodoro Obiang, pero la apuesta merece la pena.

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