domingo, febrero 22, 2009

Richard Perle también se baja del carro

Niall Ferguson, Francis Fukuyama y un buen puñado de gentes que se habían acercado al olor del poder que emanaba del neoconservadurismo en cuanto vieron que la Administración Bush perdía apoyos, salieron corriendo en otra dirección. Buscando pastos más verdes, supongo. Ellos saltaron del bote pronto; otros han aguantado más pero lo que no me esperaba era que uno de los que también saliese corriendo fuese... TA-TACHÍÍÍN TA-TACHÁÁÁÁN, nada más y nada menos que ¡¡¡¡EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, Richard Perle!!!! Lean y no salgan de su asombro, del Washington Post:

Prince of Darkness Denies Own Existence
By Dana Milbank
Friday, February 20, 2009; Page A03

Listening to neoconservative mastermind Richard Perle at the Nixon Center yesterday, there was a sense of falling down the rabbit hole.

In real life, Perle was the ideological architect of the Iraq war and of the Bush doctrine of preemptive attack. But at yesterday's forum of foreign policy intellectuals, he created a fantastic world in which:

1. Perle is not a neoconservative.

2. Neoconservatives do not exist.

3. Even if neoconservatives did exist, they certainly couldn't be blamed for the disasters of the past eight years.

"There is no such thing as a neoconservative foreign policy," Perle informed the gathering, hosted by National Interest magazine. "It is a left critique of what is believed by the commentator to be a right-wing policy."

So what about the 1996 report he co-authored that is widely seen as the cornerstone of neoconservative foreign policy? "My name was on it because I signed up for the study group," Perle explained. "I didn't approve it. I didn't read it."

Mm-hmm. And the two letters to the president, signed by Perle, giving a "moral" basis to Middle East policy and demanding military means to remove Saddam Hussein? "I don't have the letters in front of me," Perle replied.

Right. And the Bush administration National Security Strategy, enshrining the neoconservative themes of preemptive war and using American power to spread freedom? "I don't know whether President Bush ever read any of those statements," Perle maintained. "My guess is he didn't."

The Prince of Darkness -- so dubbed during his days opposing arms control in the Reagan Pentagon -- was not about to let details get in the way of his argument that "50 million conspiracy theorists have it wrong," as the subtitle of his article for National Interest put it. "I see a number of people here who believe and have expressed themselves abundantly that there is a neoconservative foreign policy and it was the policy that dominated the Bush administration, and they ascribe to it responsibility for the deplorable state of the world," Perle told the foreign policy luminaries at yesterday's lunch. "None of that is true, of course."

Of course.

He had been a leading cheerleader for the Iraq war, predicting that the effort would take few troops and last only a few days, and that Iraq would pay for its own reconstruction. Perle was chairman of Bush's Defense Policy Board -- and the president clearly took the advice of Perle and his fellow neocons. And Perle, in turn, said back then that Bush "knows exactly what he's doing."

Yesterday, however, Perle said Bush's foreign policy had "no philosophical underpinnings and certainly nothing like the demonic influence of neoconservatives that is alleged." He also took issue with the common view that neocons favored using American might to spread democratic values. "There's no documentation!" he argued. "I can't find a single example of a neoconservative supposed to have influence over the Bush administration arguing that we should impose democracy by force."

Those in the room were skeptical of Perle's efforts to recast himself as a pragmatist.

Richard Burt, who clashed with Perle in the Reagan administration, took issue with "this argument that neoconservatism maybe actually doesn't exist." He reminded Perle of the longtime rift between foreign policy realists and neoconservative interventionists. "You've got to kind of acknowledge there is a neoconservative school of thought," Burt challenged.

"I don't accept the approach, not at all," the Prince of Darkness replied.

Jacob Heilbrunn of National Interest asked Perle to square his newfound realism with the rather idealistic title of his book, "An End to Evil."

"We had a publisher who chose the title," Perle claimed, adding: "There's hardly an ideology in that book." (An excerpt: "There is no middle way for Americans: It is victory or holocaust. This book is a manual for victory.")

Regardless of the title, Heilbrunn pursued, how could so many people -- including lapsed neoconservative Francis Fukuyama -- all be so wrong about what neoconservatives represent?

"It's not surprising that a lot of people get something wrong," Perle reasoned.

At times, the Prince of Darkness turned on his questioners. Fielding a question from the Financial Times, he said that the newspaper "propagated this myth of neoconservative influence." He informed Stefan Halper of Cambridge University that "you have contributed significantly to this mythology."

"There are some 5,000 footnotes," Halper replied. "Documents that you've signed."

But documents did not deter denials. "I've never advocated attacking Iran," he said, to a few chuckles. "Regime change does not imply military force, at least not when I use the term," he said, to raised eyebrows. Accusations that neoconservatives manipulated intelligence on Iraq? "There's no truth to it." At one point, he argued that the word "neoconservative" has been used as an anti-Semitic slur, just moments after complaining that prominent figures such as Dick Cheney and Donald Rumsfeld -- Christians both -- had been grouped in with the neoconservatives.

"I don't know that I persuaded anyone," Perle speculated when the session ended.

No worries, said the moderator. "You certainly kept us all entertained."


O sea que Perle es otro de los que ha salido con lo de "¿Iraq? ¿Guerra en Iraq?... ¿por qué nadie me había dicho nada hasta ahora?" y "Bush... he oído que fue presidente de los Estados Unidos, ¿no?". Supongo que en el GEES le dedicarán una columnita de este estilo ¿no?

Vamos quedando poquitos o qué.

lunes, febrero 16, 2009

Al hilo de lo que comenta Dwight...

Al hilo de lo que comentaba Dwight hace poco recuperó un artículo de mi hemeroteca personal.

TRIBUNA: RAFAEL ROJAS
La diversidad bajo control en Cuba
RAFAEL ROJAS 26/10/2007

Con un uso preciso del lenguaje, los gobernantes cubanos hacen y deshacen periodos de la historia contemporánea de Cuba a su antojo. Entre esas élites, por lo visto, no hay acuerdo sobre si el "periodo especial" debe declararse superado o no. Lo que sí parece asunto del pasado es la "batalla de ideas", tan ligada a la presencia física de Fidel en los medios insulares. La mera ausencia del líder produce una involuntaria distensión retórica, que moviliza la impertinente pregunta del por qué ahora. ¿Es que la enfermedad de Fidel conjura los peligros de "invasión"? O es que la isla nunca ha estado realmente amenazada en las últimas décadas y que el "peligro" no ha sido más que una excusa para reprimir opositores y postergar reformas.

Con la enfermedad de Fidel han perdido visibilidad política los artífices de la "batalla de ideas" y se ha operado un cambio significativo en el idioma del poder. El énfasis de la ideología ya no está puesto en la "unidad" y la "identidad", sino en el "debate" y la "diversidad". Los últimos discursos de Raúl Castro y Ramiro Valdés y las intervenciones públicas de nuevos líderes, como Mariela Castro Espín y Carlos Lage Codorniú, hablan ese lenguaje. Pero otros altos funcionarios, como Ricardo Alarcón y Felipe Pérez Roque, todavía sostienen el idioma confrontacional de la guerra fría.

Trátese sólo de un flanco experimental y pasajero, mientras Fidel se recupera, o de una estrategia de Estado, que aún no logra pleno consenso dentro de las élites, es preciso comprender el sentido de ese lenguaje para evitar otra frustración de expectativas reformistas. ¿Qué entiende por "debate" la clase política cubana? En esencia, una discusión entre "revolucionarios", que excluye y deslegitima, naturalmente, a opositores y exiliados, sobre mínimas reformas económicas, como el traslado del "sistema de perfeccionamiento empresarial", una autonomización mercantil del sector productivo de las Fuerzas Armadas, a toda la economía estatal.
¿Qué entiende por "diversidad" esa clase política? En síntesis, la diferenciación social generada por la inequitativa distribución del ingreso, el desequilibrio en el desarrollo regional y la nueva estratificación producida por el sistema mixto de corporaciones, la dispareja recepción de remesas y la doble circulación monetaria. "Diversidad" es, también, el mundo de las alteridades sexuales, genéricas, raciales y migratorias que, como en cualquier otro país occidental, se ha venido afirmando en la cultura cubana, por lo menos, desde mediados de los ochenta.

Las nuevas diferencias sociales son vistas con preocupación por las élites de la isla. Además de crear la base de un malestar cada vez más generalizado, esas diferencias hablan de una latinoamericanización de Cuba -aumento acelerado de la pobreza, la desigualdad, el desamparo, el crimen y la corrupción- que ya no ocultan los propios académicos del Partido Comunista y que amenaza el rol simbólico que cumple la isla dentro de la izquierda mundial. Lamentablemente, esas diferencias sociales son atribuidas, por Fidel Castro y el funcionariado más ideológico, a la introducción de elementos de mercado en la economía, de los noventa para acá, y no al fracaso de medio siglo de estatalización de la vida. Esa percepción del origen de la desigualdad y la injusticia en Cuba resta incentivos a un cambio estructural de la economía socialista.

La nueva diversidad cultural también es vista con preocupación por un liderazgo acostumbrado a concebir la sociedad cubana como una ciudadanía ho- mogénea, regida por los valores de la "identidad" nacional. El Ministerio de Cultura, por ejemplo, que hasta hace muy poco rechazaba en bloque los discursos y las prácticas de la "diferencia", se ha adaptado a esa corriente de afirmación de alteridades que, en las últimas tres décadas, atraviesa la producción cultural cubana, suscribiendo el lenguaje de la diversidad, aunque con límites obsesivos. La diversidad reconocida es sólo cultural, no política, y se entiende como un reclamo de comunidades autónomas contra la globalización del mercado y la democracia. Esa idea de la diversidad también resta incentivos a una reforma, ya no económica, sino política del Estado cubano.

¿Puede haber reconocimiento pleno de la diversidad social y cultural bajo un régimen de partido único? Los gobernantes cubanos creen que sí. Sin embargo, los límites ideológicos que regulan la inclusión o la exclusión de sujetos en esa "república socialista" son demasiado evidentes. La república misma, constitucionalmente entendida, está adjetivada y, por tanto, controlada por una minoría hegemónica: la minoría comunista. La pluralidad real de la ciudadanía cubana, dentro y fuera de la isla, no puede ser reconocida bajo un régimen así porque quienes se oponen al partido único y a la economía de Estado quedan fuera, ya no de la distribución de derechos civiles y políticos, sino del debate sobre la posible reforma.

A esa diversidad controlada políticamente por el régimen de la isla podría oponerse el concepto de dignidad, desarrollado por José Martí en su pensamiento político. La formulación más conocida y, a la vez, más completa de esa noción se encuentra en el discurso "Con todos y para el bien de todos", pronunciado en el Liceo Cubano de Tampa, el 26 de noviembre de 1891. Allí Martí dice la frase, que sus intérpretes fidelistas han hecho consigna, aislándola del cuerpo del discurso y atribuyéndole un significado parcial, de "yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

Por dignidad entendía Martí el reconocimiento de todos los derechos que asisten al ciudadano de una república moderna: desde los sociales y económicos -trabajo, educación, salud, vivienda, comida- hasta los civiles y políticos: libertad de asociación, de movimiento, de culto o de expresión. La dotación de esos derechos carecía de límites ideológicos o políticos, ya que, como se lee en el mismo discurso, hasta los propios enemigos de la independencia -cubanos autonomistas o anexionistas, hombres y mujeres, pobres y ricos, negros y blancos, criollos separatistas o peninsulares colonialistas- estaban incluidos en la república martiana.

Así entendida, como respeto al "carácter entero" de los ciudadanos o al "ejercicio íntegro de los demás", la noción martiana de dignidad se acercaba, a fines del siglo XIX, a la comprensión contemporánea de ese concepto, que aparece en estudios como Las fronteras de la justicia (2007) de la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum. A partir de una relectura de Aristóteles, Kant y Rawls, Nussbaum sostiene que la distribución desequilibrada o incompleta de derechos económicos, sociales, civiles y políticos produce una pérdida del valor de la dignidad humana. Eso es, en esencia, lo que sucede en Cuba: la degradación de la dignidad del ciudadano por ausencia de derechos civiles y políticos o por falta de una "república con todos y para el bien de todos".

Rafael Rojas es historiador cubano exiliado en México y premio Anagrama de Ensayo por Tumbas sin sosiego.


Porque como dicen en RTVE, Cuba está de película...

De regreso a Doce Doce

Tras mi larga travesía del desierto hoy he vuelto a Doce Doce. Ya era hora.

jueves, febrero 05, 2009

Música por el reencuentro

En mi estilo habitual os enlazo a una serie de videos musicales para celebrar mi regreso a la escena bloggosférica.

Franco Battiato: L'ombra della Luce. Un italianissimo; qué bueno cuando es bueno.

- Gary Moore & The Chieftains: Over the hills and far away, aunque el peinado es casi imperdonable me gusta más la versión de Moore by his own.

- Hector Lavoe: El día de mi suerte, la vida de Lavoe fue en cierto sentido esta canción.

- Karen Matheson: Crucán Na bPáiste. Pone los pelos de punta.

- Ruben Blades: Pedro Navaja. Clásico.

- B. B. King & Gary Moore: The Thrill Is Gone. Excelso.

- Oscar de León: Llorarás, de lo más grande de Venezuela.

- Ralph Vaughan Williams: Fantasia on a theme by Thomas Tallis, inevitable pieza de música clásica con un increíble halo romántico -a lo William Turner o Caspar David Friedrich- que siempre me ha estremecido.

- Paolo Conte: Vieni Via Con Me; si empezamos con italiano, terminamos con otro.

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P.S.: la selección ha sido realizada con la colaboración de algunos amigos como el gentil Towar, musical advisor ad honorem de esta casa