lunes, octubre 26, 2009

Nota breve: Doce Doce

He dejado una nota breve en Doce Doce. Queda notificado a sus personas.

miércoles, octubre 07, 2009

Doce Doce

Nueva entrega en Doce Doce: comparaciones impertinentes -y un poco deprimentes-.

lunes, septiembre 28, 2009

Preguntas

Hoy: La sanidad española, cada vez peor valorada

Ración de preguntas: ¿Sabe esto Michael Moore?

¿Y Obama?

¿Les importa?

Pero, sobre todo, ¿lo saben Zapatero, Salgado y Jiménez y los otros 17 consejeros de salud del reino?

¿Es esta la protección social que se ofrece gracias al cobro de impuestos?

¿Hay competencia con el Ministerio de Educación para lograr éxitos resonantes en las encuestas europeas?

domingo, septiembre 27, 2009

viernes, septiembre 25, 2009

Fotos y comentarios

Cada día me da más pereza la vida política española. Cada día le presto menos atención. Prefiero seguir las peripecias que se dan por otras latitudes. De vez en cuando, algo llama la atención en España... pero me dejo llevar y no comento. ¿Para qué? Hoy hago excepción por el asunto de moda -nunca mejor dicho- de la foto de la familia presidencial con los Obama. Ni enlazo, ni la cuelgo. No creo que la foto en sí sea de gran interés. Me parece más interesante la reacción a la foto.

Dos comentarios:

- Viaje oficial. Acto oficial. Foto oficial. No se puede impedir la publicación y difusión. Si, apelando al derecho a la protección del menor, se pretende evitar el efecto que pueda tener sobre los menores, sólo hay una opción: que los menores no aparezcan en la foto.

Una vez que la foto ha sido tomada y difundida, se dan comentarios sobre la idoneidad de las indumentarias y si se ajustan a la etiqueta del evento. En eso doctores tiene la Iglesia y cada cual dirá lo que piense. Si los comentarios exceden este punto, se incurrirá en una cierta bajeza.

En cualquier caso, como lo mejor es prevenir nunca se debió tomar esa foto.

- Hay una corte de autoflagelados españoles que aprovechan cualquier ocasión para decir "¡qué país! Esto en otros lados no pasa".

Pues estos comentarios demuestran mucho oportunismo, sí, y escaso conocimiento. En Francia -y en todo el mundo, ya puestos- se escribieron millas y millas de papel sobre Carla Bruni y si sería capaz de "adaptarse" al rol de Primera Dama y si no le vendrían grandes los actos de Estado -bueno, eso los generosos, que también han corrido muchos textos que hablaban del arribismo y otras cosas menos respetuosas... por supuesto ningún bienpensante izquierdista mencionó la palabra machismo; es la mujer de un presidente de derecha y por ello merece todo lo que de ella se diga-. Cada aparición suya ha dado lugar a un montón de páginas sobre cómo vestía y cómo actuaba en cada ocasión.

En Estados Unidos, los presidentes y sus familias renuncian casi totalmente a la privacidad. En el caso de Obama este asunto ronda la locura por la propia personalidad fotogénica del cuatrigésimo cuarto presidente. Se habla más de lo bellos que son sus discursos, de sus apariciones y de algunas de sus fotos pero poquito de los contenidos de su política.

Durante el verano algunas opiniones han criticado a la Primera Dama por viajar en el Air Force One en shorts. ¿Es o no oportuno? ¿Es adecuado? Preguntas justas, creo. También leves.

Cuando hablamos de reyes, reinas y príncipes ¿hablamos de otra cosa que no sea etiqueta y maneras? Representación.

Vamos, la política como espectáculo no es nada nuevo, ni las discusiones sobre las simbologías y las etiquetas. Ni lo es hablar de fondo y forma. Nada de extraño ni pueblerino hay en ello. Es un debate normal, razonable y legítimo. En tanto que le damos un valor a las imágenes, no sólo estético, sino moral y político, y en tanto que la representación de un Estado -o de una institución- acarrea unas ciertas exigencias, el debate sobre las formas es adecuado y pertinente.
Hay profesionales de la etiqueta, hay encargados de protocolo en muchas entidades públicas y privadas y es normal cuestionar su trabajo. Igual que se juzgan todos los demás trabajos.

Lo pueblerino es esa actitud que dice:"¡qué país! Esto en otras partes no pasa".

lunes, agosto 24, 2009

sábado, agosto 22, 2009

Otra vez en Doce Doce

Yo que siempre les advierto de donde me aparezco, cuando lo hago, les digo: a Doce Doce que allí escribo sobre el extraño caso de la libertad de expresión venezolana.

viernes, agosto 21, 2009

Galeria de citas y frases célebres (VI)

Tres frases para que bloggers del mundo reflexionemos.

- Epicteto:
"Vela por tus pensamientos cuando estés solo y por tus palabras cuando estés con los demás"

Prudencia. Más de sus frases (por cierto, con la duda sobre si hay tilde o no en su nombre)

- Frase del mismo sentir procesada por un neoestoico: Baltasar Gracián
"Sentir con los menos y hablar con los más"

Mesura. Como siempre más de sus píldoras.

- Por otro lado:
"Hablar mucho de sí mismo puede ser un medio de ocultarse"

Disimulación. Dicho por Friedrich W. Nietzsche. Un tipo raro.

Maravillas revertianas (VIII): Ya no hay canallas así

Soy consicente de mis incumplimientos. Amplios y sobrados. No puedo alegar mucho en mi defensa. Salvo que otros quehaceres me han alejado de este rincón. Y también los avatares personales han sido diversos y han llenado mis días. El resultado de los quehaceres ha sido desigual en sus efectos, pero útil y productivo en su realización, porque me han dejado una serie de textos que, sin mejor destino, subiré acá en las próximas fechas.

Retomo mi habitual sección dedicada a reproducir las columnas de Arturo Pérez-Reverte que más me han gustado. A la de hoy le tengo un gran cariño, porque yo también asistí en su día a la representación teatral a la que se refiere y comparto todas las opiniones y sensaciones que expresa el autor. ¡Qué gratísismo recuerdo!

Ya no hay canallas así
ARTURO PÉREZ-REVERTE El Semanal 11 de octubre de 2004

Lo juro por mis muertos más frescos: ayer por la noche pasé hora y media de absoluta felicidad, sentado en una butaca del teatro Bellas Artes de Madrid. Todavía esta mañana, al mirarme al espejo, tenía una sonrisa de bobo en la cara. Porque la obra es magnífica. Se llama La cena, escrita por Jean Claude Brisville e interpretada por Josep María Flotats y Carmelo Gómez. Y me siento a darle a la tecla, impresionado aún. Les debo esta página al autor, a Flotats, a Carmelo. El texto, traducido por Mauro Armiño, es extraordinario; de una inteligencia y elegancia extremas. Y los intérpretes lo bordan. Teatro de verdad. Actores de verdad. El local estaba lleno y lo seguirá estando, supongo. Cualquier espectador, cualquier lector que tenga esa joya a mano y no vaya a verla –soltando, eso sí, la escalofriante suma de veintitantos mortadelos por butaca– merece Salsa rosa, Crónicas marcianas y Gran hermano para el resto de su puta vida.

El vicio del brazo del crimen, en afortunada y clásica descripción de Chateaubriand: Talleyrand, ex ministro de Exteriores de Napoleón, y Fouché, ex jefe de su policía. Dos animales políticos astutos, implacables, crueles, extraordinarios, que sobrevivieron y prosperaron en aquellos tiempos turbulentos bajo distintos amos y regímenes: la república, el directorio, el consulado, el imperio napoleónico y la restauración borbónica. Dos tenebrosos talentos, dos mentes maestras en la intriga y el chantaje, enfrentadas en una supuesta cena en la noche del 6 al 7 de julio de 1815, en un París ocupado por los vencedores de Waterloo, con una Francia a disposición de quien se apodere de ella. La finura de buena cuna, la ironía y la sutilísima inteligencia de Charles Maurice de Talleyrand, la serpiente diplomática, frente a la astucia perversa, la ambición arribista, la implacable eficacia del lobo carnicero y policial que encarna el sombrío Joseph Fouché. Dos supervivientes natos, dos genios cínicos que desnudan uno ante otro, por necesidad, por supervivencia, los infernales mecanismos del poder de entonces, y de siempre. Y eso, que resulta fascinante para cualquier espectador, intensifica el interés, y el goce, de quien conozca media docena de lecturas útiles para completar personajes y contexto: las Memorias de Talleyrand, las de Fouché, las de Godoy, las de Metternich, y la espléndida biografía talleyrandesca de Louis Madelin, entre otras. Y sobre todo, la reveladora, breve y perfecta Fouché que escribió Stefan Zweig, intuyendo claramente, el pobre, por quién sonaban las campanas.

Pero sobre todo, viendo hablar y moverse por el escenario a esos dos titanes de la política, el espectador español se ve enfrentado a una reflexión inquietante y sombría: mientras Francia tenía a Fouché y a Talleyrand, Austria a Metternich e Inglaterra a Pitt, España tuvo a Godoy, príncipe de la Paz y ministro universal, cuyo mérito principal –Trafalgar e invasión napoleónica aparte– consistió en hacerle la pelota al rey y calzarse a una reina más golfa que María Martillo. Y a continuación, para rematar el paisaje, vino un vil zurullo llamado Fernando VII, con el canónigo Escóiquiz apuntándole al oído a quién tenía que encarcelar y a quién tenía que fusilar. Quiero decir con esto que, hasta en el reparto de malvados, a los españoles nos tocaron siempre los desechos de tienta y los mierdas sin remedio. Aquí, hasta para mentir, robar, manipular, nuestros hombres públicos fueron –y lo siguen siendo–, salvo contadas e ilustres excepciones, bajunos, mediocres, torpes, y a menudo analfabetos de cultura kleenex sin clase ni luces. Por eso, anoche, sentado en mi butaca, no pude menos que envidiar a quienes, en la nómina de su historia, cuentan con sólidos malvados como Talleyrand y Fouché: monstruos políticos sin escrúpulos, pero con la grandeza de un talento inmenso que les permitió mover los hilos del mundo. Ahora son otros tiempos, otras morales al uso, y ya no hay canallas así. No estoy seguro de si por suerte o por desgracia. Fíjense en el imbécil de Bush. Pero aquellos dos son referencia imprescindible. En cuanto a nosotros, apostaría a que nueve de cada diez políticos españoles no saben quién fue Fouché, o Talleyrand; y encima están convencidos de que ni maldita falta les hace. Si éste fuera un lugar serio, La cena debería representarse en el Parlamento, con asistencia obligatoria de la peña que allí se busca la vida. Para que se les caiga la cara de vergüenza.

martes, mayo 26, 2009

A Doce Doce

Advierto de nuevo post propio en Doce Doce. He dicho.

Sin City: crueldad y psicopatía.

He visto la película Sin City en dos ocasiones. Recientemente la segunda. Mi opinión no ha cambiado tras la revisión.




Adelanto alguna cosa: no me gustan los cómics en los que se basa la película. No me gusta el universo de Sin City, ni en general de Frank Miller –que hace 15 o 20 años era un buen autor y ahora es un plomo reiterativo-. Son tebeos visualmente poderosos, narrativamente endebles y con muchas ínfulas -virtudes y pecados traspasados tal cual a la película que Miller codirige con Robert Rodríguez-. Me cansan sus recursos narrativos y unos diálogos –o monólogos interiores- como mucho de "serie E". Pero, sobre todo, Sin City me parece una aberración en el orden de lo moral difícilmente defendible.

La película me ha parecido un desafío técnico prodigioso, pero también un espectáculo de violencia gratuita sin parangón. Como otra película de este estilo: Kill Bill. Porque Miller, Rodríguez y Tarantino –director invitado de Sin City- comparten un estilo parecido (más depurado en el caso del último, más ramplón en el de Rodríguez), así que casi todo lo que diré sobre Sin City vale para todas las obras de esta terna de creadores.

Sé que no queda moderno ni políticamente correcto hablar de moral y cine, y que lo que queda “guay” es ir de descreído por el mundo y "echar unas risas" mientras vemos cómo se tortura a un tipo en pantalla, pero yo, será que estoy mayor, no me siento a gusto con eso. Es lo que hay.

Volviendo al punto, Sin City justifica lo injustificable y hace de la crueldad un valor moral y elige como protagonistas a psicópatas. En Sin City el psicópata es glorificado por su singular destreza para causar daño. O sea se ensalza al personaje tipo y su forma de actuar: la crueldad. El héroe desaparece sustituido, ya no por antihéroes –como ocurre en buena parte del género policíaco-, por crueles asesinos, cuanto más crueles mejor.

Si repasamos las 3 historias que forman Sin City -no cuento ni la introducción ni el cierre en ellas-, 2 están protagonizadas por tarados archiviolentos en plena carnicería, son las de Dwight (Clive Owen) y Marv (Mickey Rourke). Sólo la de Bruce Willis -Hartigan- mantiene el esquema más habitual de poli honesto vs. psicópata tarado.

El caso es que Miller y Rodríguez se deleitan groseramente con sus criaturas, los “embellecen”, aunque sus actos no son para nada edificantes, ni siquiera son ingeniosos ni ocurrentes, la estética pretende que asistamos satisfechos a la brutalidad.

Los personajes disfrutan con sus carnicerías (los sicarios miran como Nick Stahl -Junior/Bastardo Amarillo- prepara sus torturas; los mafiosos se regodean en la manera de torturar de Manute -Michael Clarke Duncan-, Dwight y Gail -Rosario Dawson- sonríen mientras ejecutan a los mafiosos en el callejón; Marv dice que le encantan los matones porque les puedes hacer lo que sea y a nadie le importa), invitándonos a nosotros, espectadores, a regocijarnos de su capacidad para hacer sufrir. Y, claro, lo hacemos porque nos presentan todo con bellas imágenes. Además en muchos casos, muestran toda la violencia y crueldad con un toque cómico y burlón muy desagradable (los ejecutores se ríen de las víctimas constantemente).

Otro aspecto desagradable de Sin City es su misoginia y machismo. Todas las historias repiten el mismo esquema, chica se mete en líos y tío duro la saca -o no- de ellos. Que las putas de Old Town maten mucho, no quiere decir que no necesiten de Dwight para lograr vencer a la mafia. Nancy (Jessica Alba) y Shelley (Brittany Murphy) necesitan de un macho protector que les saque las castañas del fuego. Las mujeres que no tienen a su lado a ese hombre mueren (los dos “encargos” del asesino profesional interpretado por Josh Harnett; Lucille -Carla Gugino- que es lesbiana, las putas que devora Kevin -Elijah Wood-, se caracerizan porque no tienen un "macho alfa" protector y por eso acaban muriendo). El mensaje es claro: las mujeres son débiles, incluso las más fuertes, y necesitan un hombre al lado para garantizar su seguridad (y ni por esas). En este sentido la actitud machista se refleja muy claramente en la escena en que la Wendy y otras de las chicas de Old Town creen tener controlado a Marv, pero en realidad él es quien les está perdonando la vida.

Para continuar en esta línea de vinculación sexo-violencia: entre los personajes masculinos hay una vinculación directa entre la capacidad para ejercer la violencia y la virilidad; algo así como más macho cuanto más asesino se sea. El Bastardo Amarillo y uno de los matones torturados por Marv son castrados a lo bravo y eso ya les deja indefensos, "desarmados"; el personaje de Benicio del Toro se mete en los líos en los que se mete porque las mujeres cuestionan su hombría, y de hecho, el personaje amenaza pero lo único que hace es morir... parece que como no puede follar es incapaz de matar, o al revés, y como no puede matar sólo le queda morir. Incluso Hartigan, que es el más débil de los "héroes" de Basin City, viejo y achacoso, es el que siente un amor de tipo más romántico, menos carnal y que siente algún reparo ante la idea de acostarse con la chica, Nancy.

Por cierto, ¡qué cómodo resulta el personaje del psicópata! Realmente los guionistas tienen que currar muy poco para construir un personaje con algo de entidad. No tienen que justificar ni que explicar nada. Los actos del psicópata son como son y punto. El tipo hace lo que hace porque es un desequilibrado y con eso basta. O sea con decir de un personaje que es un asesino psicopático ya está, no hay que hacer más. Además el psicópata aplicará su condición en cualquier situación dramática que se imagine, así que no hay progresión ni evolución ni nada. Hay que joderse con los guionistas vagos, a los que no parece importarles un pequeño detalle: el psicópata no puede crear empatía en el público –preocupante es lo contrario-. O sea, nadie suele identificarse con un tarado de tomo y lomo, por tanto al final el destino del personaje importa poco.

Toda está glorificación de los actos de los fuertes porque sí, porque pueden, porque son capaces de hacer más daño, ese discurso de la primacía de los más fuertes, resulta demasiado perturbador, preocupante. Para los autores, las explicaciones no son necesarias, la fuerza es la justificación en si misma. En ese sentido hay unos personajes que Miler –y sus compañeros de faena- mitifica sobre manera: los superasesinos, esos Marv, Kevin o Miho -Devon Aoki- absolutamente inverosímiles por su capacidad innata de despachar varios cientos de miles de personas, parece casi que tienen superpoderes (mandando al garete cierta pretensión de evitar los artificios de los cómics de superhéroes). Recuerdo la escena en la que Dwight, pega un salto considerable desde la ventana de Brittany Murphy para seguir a Benicio del Toro y se queda tan campante. Mirad, si fuera Superman, diría: “vale, me lo creo” pero siendo un fulano normal, no cuela. Y lo mismo valga para Miho, Kevin o Marv. Personajes excesivamente capacitados para hacer lo que hacen y que resulte creíble.



En definitiva, suscribo la opinión que manifestó Carlos Boyero en uno de los chats en El Mundo hace tiempo:
"[Pregunta] 14. ¿Ha visto Sin City? ¿Que tal queda en Blanco y negro la última de Robert Rodríguez?
[Carlos Boyero] Me fascina su estética durante media hora. Después acabo harto de tanta violencia gratuita, de tanto pasote posmoderno.
"

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P.S.: Por ausencia de tiempo y oportunidad no he podido reacomodar el blog según era mi voluntad. Pero sigo pendiente y a la menor ocasión se harán las modificaciones pertinentes.

lunes, marzo 30, 2009

Remodelación.

Estoy remodelando el blog otra vez. Así que estamos de obras. Probando cosas, quitando enlaces, etc. No sé exactamente el tiempo que me llevará dejarlo a mi gusto, pero en ello estoy. Intentaré no demorarme mucho.

jueves, marzo 19, 2009

Delayed St. Patrick's Day (I)

Con retraso -otras ocupaciones me retenían- cumplo con la tradición patricia, con unos enlaces (de nuestro proveedor habitual, Towar que tenía un día bastante gaélico) para que animen mientras toman unas pintas:

Karen Matheson, con quien la cita es obligada.

Fiona Kennedy y de nuevo Karen, a su ritmo, que no es poco.

Mairéad Ní Mhaonaigh, desde la galeria de nombres impronunciables. La canción tiene versión por unos tales Chieftains & Van Morrison. Casi nadie.

Liam O Maonlaí.

Y Mary Black-Bruach Na Carraige Baine

Y para terminar -aquí-, homenaje a los expatriados que sufrieron en la Guerra de Secesión (animado por la serie Gods and Generals). En el desfile de banderas del inicio aparecen 2 de regimientos irlandeses: el 24 de Georgia (3:03) y los Emerald Guards (33 de Infantería de Virginia) (3:40), ambos de la Confederación.

Sigue en Doce Doce.

miércoles, marzo 11, 2009

Hoy recuerdo...

Hace cinco años se cometió en Madrid el mayor atentado de la historia de España. Los datos y las imágenes aún hielan la sangre de los biennacidos.

Aun arrastramos secuelas de aquellos días, abismos que no sé si cerrarán porque España es la tierra de Caín. Nuestras miserias nos persiguen. Hoy nada de eso importa ni tiene sentido.

Vayan desde aquí unas líneas para el recuerdo de aquellos que nunca bajaron de los trenes (R.I.P.) y de aquellos que llevarán siempre en su equipaje las heridas, físicas y/o síquicas, del atentado. Sirvan las palabras de muestra de solidaridad con sus familias y de gratitud hacia las gentes de los servicios de emergencia y los héroes anónimos de la jornada (vecinos, donantes de sangre, etc.).

domingo, febrero 22, 2009

Richard Perle también se baja del carro

Niall Ferguson, Francis Fukuyama y un buen puñado de gentes que se habían acercado al olor del poder que emanaba del neoconservadurismo en cuanto vieron que la Administración Bush perdía apoyos, salieron corriendo en otra dirección. Buscando pastos más verdes, supongo. Ellos saltaron del bote pronto; otros han aguantado más pero lo que no me esperaba era que uno de los que también saliese corriendo fuese... TA-TACHÍÍÍN TA-TACHÁÁÁÁN, nada más y nada menos que ¡¡¡¡EL PRÍNCIPE DE LAS TINIEBLAS, Richard Perle!!!! Lean y no salgan de su asombro, del Washington Post:

Prince of Darkness Denies Own Existence
By Dana Milbank
Friday, February 20, 2009; Page A03

Listening to neoconservative mastermind Richard Perle at the Nixon Center yesterday, there was a sense of falling down the rabbit hole.

In real life, Perle was the ideological architect of the Iraq war and of the Bush doctrine of preemptive attack. But at yesterday's forum of foreign policy intellectuals, he created a fantastic world in which:

1. Perle is not a neoconservative.

2. Neoconservatives do not exist.

3. Even if neoconservatives did exist, they certainly couldn't be blamed for the disasters of the past eight years.

"There is no such thing as a neoconservative foreign policy," Perle informed the gathering, hosted by National Interest magazine. "It is a left critique of what is believed by the commentator to be a right-wing policy."

So what about the 1996 report he co-authored that is widely seen as the cornerstone of neoconservative foreign policy? "My name was on it because I signed up for the study group," Perle explained. "I didn't approve it. I didn't read it."

Mm-hmm. And the two letters to the president, signed by Perle, giving a "moral" basis to Middle East policy and demanding military means to remove Saddam Hussein? "I don't have the letters in front of me," Perle replied.

Right. And the Bush administration National Security Strategy, enshrining the neoconservative themes of preemptive war and using American power to spread freedom? "I don't know whether President Bush ever read any of those statements," Perle maintained. "My guess is he didn't."

The Prince of Darkness -- so dubbed during his days opposing arms control in the Reagan Pentagon -- was not about to let details get in the way of his argument that "50 million conspiracy theorists have it wrong," as the subtitle of his article for National Interest put it. "I see a number of people here who believe and have expressed themselves abundantly that there is a neoconservative foreign policy and it was the policy that dominated the Bush administration, and they ascribe to it responsibility for the deplorable state of the world," Perle told the foreign policy luminaries at yesterday's lunch. "None of that is true, of course."

Of course.

He had been a leading cheerleader for the Iraq war, predicting that the effort would take few troops and last only a few days, and that Iraq would pay for its own reconstruction. Perle was chairman of Bush's Defense Policy Board -- and the president clearly took the advice of Perle and his fellow neocons. And Perle, in turn, said back then that Bush "knows exactly what he's doing."

Yesterday, however, Perle said Bush's foreign policy had "no philosophical underpinnings and certainly nothing like the demonic influence of neoconservatives that is alleged." He also took issue with the common view that neocons favored using American might to spread democratic values. "There's no documentation!" he argued. "I can't find a single example of a neoconservative supposed to have influence over the Bush administration arguing that we should impose democracy by force."

Those in the room were skeptical of Perle's efforts to recast himself as a pragmatist.

Richard Burt, who clashed with Perle in the Reagan administration, took issue with "this argument that neoconservatism maybe actually doesn't exist." He reminded Perle of the longtime rift between foreign policy realists and neoconservative interventionists. "You've got to kind of acknowledge there is a neoconservative school of thought," Burt challenged.

"I don't accept the approach, not at all," the Prince of Darkness replied.

Jacob Heilbrunn of National Interest asked Perle to square his newfound realism with the rather idealistic title of his book, "An End to Evil."

"We had a publisher who chose the title," Perle claimed, adding: "There's hardly an ideology in that book." (An excerpt: "There is no middle way for Americans: It is victory or holocaust. This book is a manual for victory.")

Regardless of the title, Heilbrunn pursued, how could so many people -- including lapsed neoconservative Francis Fukuyama -- all be so wrong about what neoconservatives represent?

"It's not surprising that a lot of people get something wrong," Perle reasoned.

At times, the Prince of Darkness turned on his questioners. Fielding a question from the Financial Times, he said that the newspaper "propagated this myth of neoconservative influence." He informed Stefan Halper of Cambridge University that "you have contributed significantly to this mythology."

"There are some 5,000 footnotes," Halper replied. "Documents that you've signed."

But documents did not deter denials. "I've never advocated attacking Iran," he said, to a few chuckles. "Regime change does not imply military force, at least not when I use the term," he said, to raised eyebrows. Accusations that neoconservatives manipulated intelligence on Iraq? "There's no truth to it." At one point, he argued that the word "neoconservative" has been used as an anti-Semitic slur, just moments after complaining that prominent figures such as Dick Cheney and Donald Rumsfeld -- Christians both -- had been grouped in with the neoconservatives.

"I don't know that I persuaded anyone," Perle speculated when the session ended.

No worries, said the moderator. "You certainly kept us all entertained."


O sea que Perle es otro de los que ha salido con lo de "¿Iraq? ¿Guerra en Iraq?... ¿por qué nadie me había dicho nada hasta ahora?" y "Bush... he oído que fue presidente de los Estados Unidos, ¿no?". Supongo que en el GEES le dedicarán una columnita de este estilo ¿no?

Vamos quedando poquitos o qué.

lunes, febrero 16, 2009

Al hilo de lo que comenta Dwight...

Al hilo de lo que comentaba Dwight hace poco recuperó un artículo de mi hemeroteca personal.

TRIBUNA: RAFAEL ROJAS
La diversidad bajo control en Cuba
RAFAEL ROJAS 26/10/2007

Con un uso preciso del lenguaje, los gobernantes cubanos hacen y deshacen periodos de la historia contemporánea de Cuba a su antojo. Entre esas élites, por lo visto, no hay acuerdo sobre si el "periodo especial" debe declararse superado o no. Lo que sí parece asunto del pasado es la "batalla de ideas", tan ligada a la presencia física de Fidel en los medios insulares. La mera ausencia del líder produce una involuntaria distensión retórica, que moviliza la impertinente pregunta del por qué ahora. ¿Es que la enfermedad de Fidel conjura los peligros de "invasión"? O es que la isla nunca ha estado realmente amenazada en las últimas décadas y que el "peligro" no ha sido más que una excusa para reprimir opositores y postergar reformas.

Con la enfermedad de Fidel han perdido visibilidad política los artífices de la "batalla de ideas" y se ha operado un cambio significativo en el idioma del poder. El énfasis de la ideología ya no está puesto en la "unidad" y la "identidad", sino en el "debate" y la "diversidad". Los últimos discursos de Raúl Castro y Ramiro Valdés y las intervenciones públicas de nuevos líderes, como Mariela Castro Espín y Carlos Lage Codorniú, hablan ese lenguaje. Pero otros altos funcionarios, como Ricardo Alarcón y Felipe Pérez Roque, todavía sostienen el idioma confrontacional de la guerra fría.

Trátese sólo de un flanco experimental y pasajero, mientras Fidel se recupera, o de una estrategia de Estado, que aún no logra pleno consenso dentro de las élites, es preciso comprender el sentido de ese lenguaje para evitar otra frustración de expectativas reformistas. ¿Qué entiende por "debate" la clase política cubana? En esencia, una discusión entre "revolucionarios", que excluye y deslegitima, naturalmente, a opositores y exiliados, sobre mínimas reformas económicas, como el traslado del "sistema de perfeccionamiento empresarial", una autonomización mercantil del sector productivo de las Fuerzas Armadas, a toda la economía estatal.
¿Qué entiende por "diversidad" esa clase política? En síntesis, la diferenciación social generada por la inequitativa distribución del ingreso, el desequilibrio en el desarrollo regional y la nueva estratificación producida por el sistema mixto de corporaciones, la dispareja recepción de remesas y la doble circulación monetaria. "Diversidad" es, también, el mundo de las alteridades sexuales, genéricas, raciales y migratorias que, como en cualquier otro país occidental, se ha venido afirmando en la cultura cubana, por lo menos, desde mediados de los ochenta.

Las nuevas diferencias sociales son vistas con preocupación por las élites de la isla. Además de crear la base de un malestar cada vez más generalizado, esas diferencias hablan de una latinoamericanización de Cuba -aumento acelerado de la pobreza, la desigualdad, el desamparo, el crimen y la corrupción- que ya no ocultan los propios académicos del Partido Comunista y que amenaza el rol simbólico que cumple la isla dentro de la izquierda mundial. Lamentablemente, esas diferencias sociales son atribuidas, por Fidel Castro y el funcionariado más ideológico, a la introducción de elementos de mercado en la economía, de los noventa para acá, y no al fracaso de medio siglo de estatalización de la vida. Esa percepción del origen de la desigualdad y la injusticia en Cuba resta incentivos a un cambio estructural de la economía socialista.

La nueva diversidad cultural también es vista con preocupación por un liderazgo acostumbrado a concebir la sociedad cubana como una ciudadanía ho- mogénea, regida por los valores de la "identidad" nacional. El Ministerio de Cultura, por ejemplo, que hasta hace muy poco rechazaba en bloque los discursos y las prácticas de la "diferencia", se ha adaptado a esa corriente de afirmación de alteridades que, en las últimas tres décadas, atraviesa la producción cultural cubana, suscribiendo el lenguaje de la diversidad, aunque con límites obsesivos. La diversidad reconocida es sólo cultural, no política, y se entiende como un reclamo de comunidades autónomas contra la globalización del mercado y la democracia. Esa idea de la diversidad también resta incentivos a una reforma, ya no económica, sino política del Estado cubano.

¿Puede haber reconocimiento pleno de la diversidad social y cultural bajo un régimen de partido único? Los gobernantes cubanos creen que sí. Sin embargo, los límites ideológicos que regulan la inclusión o la exclusión de sujetos en esa "república socialista" son demasiado evidentes. La república misma, constitucionalmente entendida, está adjetivada y, por tanto, controlada por una minoría hegemónica: la minoría comunista. La pluralidad real de la ciudadanía cubana, dentro y fuera de la isla, no puede ser reconocida bajo un régimen así porque quienes se oponen al partido único y a la economía de Estado quedan fuera, ya no de la distribución de derechos civiles y políticos, sino del debate sobre la posible reforma.

A esa diversidad controlada políticamente por el régimen de la isla podría oponerse el concepto de dignidad, desarrollado por José Martí en su pensamiento político. La formulación más conocida y, a la vez, más completa de esa noción se encuentra en el discurso "Con todos y para el bien de todos", pronunciado en el Liceo Cubano de Tampa, el 26 de noviembre de 1891. Allí Martí dice la frase, que sus intérpretes fidelistas han hecho consigna, aislándola del cuerpo del discurso y atribuyéndole un significado parcial, de "yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre".

Por dignidad entendía Martí el reconocimiento de todos los derechos que asisten al ciudadano de una república moderna: desde los sociales y económicos -trabajo, educación, salud, vivienda, comida- hasta los civiles y políticos: libertad de asociación, de movimiento, de culto o de expresión. La dotación de esos derechos carecía de límites ideológicos o políticos, ya que, como se lee en el mismo discurso, hasta los propios enemigos de la independencia -cubanos autonomistas o anexionistas, hombres y mujeres, pobres y ricos, negros y blancos, criollos separatistas o peninsulares colonialistas- estaban incluidos en la república martiana.

Así entendida, como respeto al "carácter entero" de los ciudadanos o al "ejercicio íntegro de los demás", la noción martiana de dignidad se acercaba, a fines del siglo XIX, a la comprensión contemporánea de ese concepto, que aparece en estudios como Las fronteras de la justicia (2007) de la filósofa norteamericana Martha C. Nussbaum. A partir de una relectura de Aristóteles, Kant y Rawls, Nussbaum sostiene que la distribución desequilibrada o incompleta de derechos económicos, sociales, civiles y políticos produce una pérdida del valor de la dignidad humana. Eso es, en esencia, lo que sucede en Cuba: la degradación de la dignidad del ciudadano por ausencia de derechos civiles y políticos o por falta de una "república con todos y para el bien de todos".

Rafael Rojas es historiador cubano exiliado en México y premio Anagrama de Ensayo por Tumbas sin sosiego.


Porque como dicen en RTVE, Cuba está de película...

De regreso a Doce Doce

Tras mi larga travesía del desierto hoy he vuelto a Doce Doce. Ya era hora.

jueves, febrero 05, 2009

Música por el reencuentro

En mi estilo habitual os enlazo a una serie de videos musicales para celebrar mi regreso a la escena bloggosférica.

Franco Battiato: L'ombra della Luce. Un italianissimo; qué bueno cuando es bueno.

- Gary Moore & The Chieftains: Over the hills and far away, aunque el peinado es casi imperdonable me gusta más la versión de Moore by his own.

- Hector Lavoe: El día de mi suerte, la vida de Lavoe fue en cierto sentido esta canción.

- Karen Matheson: Crucán Na bPáiste. Pone los pelos de punta.

- Ruben Blades: Pedro Navaja. Clásico.

- B. B. King & Gary Moore: The Thrill Is Gone. Excelso.

- Oscar de León: Llorarás, de lo más grande de Venezuela.

- Ralph Vaughan Williams: Fantasia on a theme by Thomas Tallis, inevitable pieza de música clásica con un increíble halo romántico -a lo William Turner o Caspar David Friedrich- que siempre me ha estremecido.

- Paolo Conte: Vieni Via Con Me; si empezamos con italiano, terminamos con otro.

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P.S.: la selección ha sido realizada con la colaboración de algunos amigos como el gentil Towar, musical advisor ad honorem de esta casa

jueves, enero 29, 2009

Una odisea informática

Paso a continuación a relatar las muy sufridas peripecias que este gentil salteador de caminos, que responde por Dick Turpin, padeció y por cuya causa, estuve alejado de esta casa, como si en prisión británica penase.

UNA ODISEA INFORMÁTICA

El Inicio: “Houston… tenemos un problema”

Como advertí en su día, mis problemas informáticos comenzaron allá por julio del pasado año.

Un día, sin más ni más, mi ordenador se apagó solito y decidió no volverse a encender, mostrándose contrario a mis insistentes presiones en el botón de encendido, rápidamente transmutado en mi particular botón del pánico, pues la máquina guardaba en su interior una serie de compromisos y encargos en distinto grado de elaboración; trabajos todos cuya fecha de entrega se acercaba inexorable. Gotas de sudor frío recorrieron mi espalda.

Tras un asomo de desesperación, la calma: "acudamos a un servicio técnico donde con agilidad y donosura, prestos y con una sonrisa sin duda arreglarán mi ordenador," pensé para mis adentros, "voto a tal que habrá que rascarse el bolsillo; ¡qué se le va a hacer!".

¡Cuán engañado estaba yo! Olvidé que no vivía en Silicon Valley...

Tras consulta detecté que no había un servicio técnico oficial de la marca de mi ordenador, un portátil, por más señas, en mi localidad de residencia, así que me decidí a acudir a otro servicio técnico. "Son profesionales bien cualificados, y sin duda repararán mi problema en un periquete; además ya estoy fuera de garantía, así que...".

Viviendo en una zona libre de tecnología o algo así... y yo sin saberlo

Pues no. Al primer repara cacharros al que acudí, ni me doy tiempo a sacar el ordenador del maletín, pues al ver que se trataba de un portátil el encargado puso cara de haber visto la marca del vampiro en mi y dijo nervioso que ellos no arreglaban laptops,que buscase en otro sitio.

El segundo lugar al que fui, me deparó la misma sorpresa, sólo que está vez recibí una respuesta más clara, indicándome dos lugares en los que, quizás, tal vez, pudieran recibir mi equipo informático.

Acudí al primero de estos establecimientos, donde recibieron mi ordenador y me dijeron que en cuatro días me dirían cuál era el problema y qué solución se podía dar.

Paso el plazo dado y con ansiedad porque fechas de entrega y demás obligaciones apremiaban llamé para recibir la información prometida, pero recibí una respuesta clásica: "pregunte usted pasado mañana". Resignado, tuve que aceptar y en un par de días volví a comunicarme con los expertos. Esta vez la respuesta fue más contundente: "Pase y llévese su equipo, porque no tenemos ni idea de que le pasa al trasto" (esta cita, así como las demás que aparecen en este texto no son textuales, advierto).

Vale. Paciencia y resignación. Acudí al segundo lugar que me indicaron y allí de nuevo me pidieron unos días para poder evaluar la gravedad de mi ordenador.

Los días corrían llevándome con ellos hacia la histeria. Pasado el plazo solicitado por el técnico, me dijeron que sí, que habían detectado el problema, -¡albricias!- pero no tenían los recambios para proceder a su reparación -¡dita sea!-, que si yo conseguía las piezas ellos hacían la sustitución... Sensación ambivalente.

Pensando con lógica abrumadora, decidí ponerme en contacto con la empresa fabricante de mi ordenador, para ver si ellos tenían las anheladas piezas.


¡Corred a refugiaros que aquí llegan los procedimientos burocráticos estandarizados!(Aterradores e invencibles)

Como casi todos sabéis residía por aquel entonces en Venezuela -sí, en pasado, pero eso es otra historia-, pero el centro de atención al cliente de la marca en cuestión está en Méjico. Toma del frasco, Carrasco.

Tocó llamar a simpático call center y alguien en Méjico atendió mi llamada. Al comentarle mi problema, me pidió todo tipo de datos del ordenador y los números de serie de todo lo que pueda llevar número de serie, que lo encendiera, que lo apagará, que presionase no sé cuantos botones del derecho y del revés. Tras esas comprobaciones, me indicó que posiblemente mi ordenador era de una serie que había salido defectuosa de fábrica y que la empresa asumía la reparación sin coste alguno para mí.

Ah, una compensación en medio de este engorroso asunto... jajajaja equivocado estaba yo.

Para proceder a la reparación, el centro de atención en Méjico mandaría una notificación a la filial de la empresa en Venezuela, que se pondría en contacto conmigo para darme los datos del lugar de entrega del equipo. Entre notificación y contacto pasarían 4 días. Más tiempo perdido.

A los 4 días, efectivamente, se pusieron en contacto conmigo y me confirmaron que la empresa iba a comprobar que el problema técnico era el que ellos creían y si era así, procederían a la reparación sin coste para mi, cliente. VALE.

Para ello debía llevar el computador a una dirección que ellos me indicaron. Allí acudí yo, con voluntad de hierro y espíritu fortalecido en el quebranto de mis quehaceres comunes, lamentablemente la dirección que me dieron no era correcta y durante largo rato vagué sin encontrar el punto de destino. Desesperado llamé al centro de atención al cliente, que como ya he dicho está en Méjico, para que me pasasen -o me facilitasen el teléfono- de la filial en Venezuela para que me confirmasen la dirección (imaginaos la escena yo metido en un taxi, hablando por teléfono móvil con Méjico mientras daba vueltas por la ciudad). La persona que me atendió me dijo que eso era imposible, que ellos sólo se comunicaban con la sección venezolana por internet y que no había teléfeno de contacto, que la única opción era pasar la pertinente notificación para que la sección venezolana me llamase. Ya sabéis proceso en el que se van 4 días hábiles -así que sumad sábados y domingos que también se esfumaban-. La madre que les parió.

Cuatro días después me llaman de la sección Venezuela y para comprobar lo que ya sabía, verbigracia: que la dirección que me facilitaron no era correcta. Me facilitaron la "nueva dirección" y allá fui de nuevo.

Llegando al sitio ¿indicado?

... Y sorpresa, sorpresa. Al llegar al deseado oasis de salvación veo que se trataba de un domicilio particular. Cara de perplejidad y duda:
- YO: "Perdón señora, es aquí donde se entregan computadores de la marca X para su reparación"
- SEÑORA: "Sí, pero esto no es un punto de reparación, somos una empresa de transporte y lo que hacemos es llevar su computador a un servicio técnico autorizado en otra ciudad que procede a la reparación".

Estupefacción. Antes de poder articular palabra la SEÑORA prosigue: "lo que pasa es que el negocio nuestro ardió hace poco y por eso estamos recibiendo en casa... por cierto, para el transporte debe encargarse usted del embalaje, puesto que nuestros materiales se los llevó el fuego".

No estaba preparado para eso. Lo reconozco. Me pilló desprevenido, así que como no tenía embalado el ordenador, con cara de "¡esto no puede ser cierto!", me dí la vuelta y a casa...

¿Entregar mi ordenador en un domicilio particular? ¿A una empresa que había sido pasto de las llamas? ¿Que tenía que embalar yo mismo el ordenador? ¿Con qué? ¿No debería haberme dicho alguien que aquello era un servicio de mensajería y no un centro de reparaciones autorizado? Todas esas preguntas salieron raudas a Méjico, donde alguien las recibió muy atentamente y sin cambiar el procedimiento, pasó el detalle a Venezuela. Aproveché la ocasión para manifestar mi malestar y pregunté con quién debía hablar o qué debía hacer para dejar constancia de mis quejas. La operadora me dijo que la única vía era a través de la página web de la empresa. En cuanto tuve ocasión y estuve frente a un ordenador visité la mencionada página pero ésta, es más enrevesada que el demonio y si existe la posibilidad de poner quejas y reclamos fui incapaz de encontrar cómo y dónde.

Bueno, a los consabidos cuatro días, recibí la consabida llamada y repetí mis quejas, dudas, duelos y quebrantos. La mujer al otro lado de la línea me dijo que investigaría el asunto. Al rato me llamó para confirmarme la cosa:

- SRA. 2: "Tiene usted razón, todo eso que dijo, es tal cual lo comenta".
- YO: "¡Ajá!... y ¿cuáles son las alternativas que la empresa me ofrece?", pregunto.
- SRA. 2: "Un momento que lo consulto..."

... y ya no supe más de la señorita.

Otro día decía adiós. E iban... Mientras yo iba adelantando parte de mis obligaciones, como buenamente podía, en cibercafés y similares o en ordenadores prestados a ratos por amigos, conocidos y demás deudos, pero sin poder acceder a la información de mi ordenador. Mi mirada empezaba a perderse y mi cordura daba muestras de flaqueza ante tanta circunstancia macondiana junta.

Vuelvo a llamar a Méjico –de nuevo pregunté cómo dejar constancia de mi queja y de nuevo me dijeron que en la página web… de nuevo naufragué buscando en ella-, que volvió a notificar a Venezuela, que volvió a ponerse en contacto conmigo... y volví a formular las mismas dudas y preocupaciones y a solicitar una alternativa. La respuesta: lentejas; o las tomas o las dejas.

Una decisión y una decepción genuinamente españolas. La Madre Patria no podía dejar de aportar lo suyo

Así quedé yo, sumido en las dudas y en el pensamiento de cómo debía proceder. En esas comprobé que un viaje que tenía para estar unos días en la Madre Patria no estaba ya lejos. Parte de los compromisos que tenía pendientes tenían que ver con ese viaje. Así que tomé varias decisiones:

- llevar conmigo el ordenador a España y tratar de arreglarlo allí

- alquilar mientras otro equipo y con él hacer mis trabajos y demás....

Me dispuse a ejecutar mi plan maestro, pero cuando en España… buffff, arghhhhhh.

Según lo previsto, me puse en contacto con el servicio técnico de la empresa. El tipo que me atendió me hizo las mismas diez mil preguntas sobre cuál era el fallo de mi ordenador, que si lo pagase, lo encendiese, etc. No muy simpático el sujeto en cuestión, la verdad.

Durante mi explicación del asunto le comenté que estaba de paso y que en unas semanas debía volver a Latinoamérica donde había comprado el ordenador. Él vio ahí la posibilidad de dar el asunto por zanjado porque rápidamente me informó de que en ese caso no podían reparar la máquina en España, porque no son las mismas piezas.

Cara de extrañeza. Cómo que no tienen las mismas piezas, pero si todos los de la marca están ensamblados en China o Taiwán o algún otro país de Extremo Oriente –perdonad que mientras escribo esto no volteé el ordenador para dar el dato exacto-. ¡Si no son las mismas piezas y la empresa no me da cobertura global de qué ________ (rellene el hueco con su palabra favorita: por ejemplo: sirope) sirve una multinacional! Y qué ventajas tiene la multinacional sobre la fábrica de ordenadores Pedrito de Astorga, que sólo da cobertura en Astorga?

El tipo, que ya he dicho que simpático no era, se cierra en banda y no hubo nada que hacer.

Así que el viaje en balde en este apartado y hasta mi regreso a la bella Venezuela, sede de mi infortunio, no podía hacer nada. Cabreo como la copa de un pino, claro, os podéis imaginar.

De vuelta a la vida surrealista al otro lado del charco

Volví a Venezuela y me puse en contacto -y van...- con Méjico que procedió como siempre a notificar a la filial de Venezuela. De nuevo pregunté cómo poner una queja –como veis por insistente no será- y para mi sorpresa la gentil operadora me dice que debo llamar al número de atención al cliente XXXXXXXXX. Una sorpresa obtener una respuesta tan clara a una pregunta que ya había formulado sin fortuna antes. Al tal número llamé y quien se hizo cargo de mi llamada demostró ser un profesional como la copa de un pino. Tomó nota de mis reclamos, hizo seguimiento de mi caso y me informó de cada cosa y fase que desde entonces siguió el proceso, haciendo un alarde de profesionalismo digno de película de Howard Hawks –y por si alguno no lo entiende, ésto es un elogio muy serio viniendo de mi-.

Como siempre la gente de Venezuela se puso en contacto conmigo. Ya resignado acepté las condiciones que me ofrecían –o sea, las lentejas- y me dispuse a entregar mi ordenador en los siguientes 4 días -plazo de vigencia del número de orden asignado a mi caso para la entrega en el servicio de mensajería que funciona en un domicilio particular porque el negocio se quemó-.

Como la empresa en cuestión no garantiza que durante la reparación no se pierda la información del disco duro, decidí que le sacasen una copia de seguridad en el servicio técnico en el que le detectaron el error hacía ya meses (esto lo debería haber hecho antes, así fuera para continuar con mis obligaciones de la manera más fluida posible, pero en medio de tanta zozobra, la verdad ni lo pensé).

Desgraciadamente, tardaron más de lo previsto y expiró el numerito de orden. Así que tras nueva llamada a Méjico y la sucesión de días y procesos habituales, me dieron un nuevo número de orden.

Me armé de valor y con una caja y unos periódicos embalé como Dios me dio a entender mi ordenador, lo llevé al punto convenido, que seguía siendo un domicilio particular –la empresa en cuestión no se estaba dando mucha prisa en volver a la normalidad tras el traumático incendio, la verdad- donde una señora en pijama que no había terminado de desayunar –por la cara que puso al atenderme debió pensar que menuda gentuza hay en el mundo que no respeta nada y viene a molestar a la gente a su casa en horas de atención al público-, me dio un resguardo a cambio de mi ordenador.

A estas alturas, mi actitud era algo así como qué más podía pasar y si pasaba algo, qué más daba, yo ya estaba pensando en comprar un nuevo ordenador y punto, pero por si suena la flauta. Y sonó la flauta. Solo una ¡semana! después, tenía el ordenador reparado y listo para recogerlo.

Entre unas cosas y otras estaba a mediados de octubre.

Y final…

Con la llegada del ordenador me tocó ponerme al día de asuntos atrasados y atender a tantos trabajos debidos y comprometidos con terceros, por lo que no pude pararme a bloggear un rato y así estaba la cosa en vías de normalización cuando se presentó una nueva amenaza para mi persona. Su nombre MUDANZA.

Pero esa es historia que contaré en Doce Doce en próximos días, pues mucho les he dado a leer ya.

¿Han visto lo que un gentil hombre debe sufrir y padecer? Comprendan usías uno de los motivos de mi larga ausencia y sean indulgentes con su seguro servidor,
DT

P.S.: Ah, por cierto ¡no es he dado un dato importante! La empresa fabricante de mi ordenador es la inefable, incomparable, inimaginable HP... ni qué decir que sus siglas me han parecido fenomenalmente elegidas.

miércoles, enero 28, 2009

Maravillas revertianas (VII): Una ventana a la guerra

Una ventana a la guerra

ARTURO PÉREZ-REVERTE, El Semanal, 3 de mayo de 2003

Murieron en Iraq hace unas semanas. No sé si cuando esto se publique habrá alguno más. En cualquier caso, españoles o no, seguirán muriendo; en ésta o en la siguiente guerra. Eso nada tiene que ver con la ingenuidad de quienes sueñan con un mundo perfecto, ni con la obscena demagogia de quienes convierten en votos cada niño quemado y cada muerte. Ninguna guerra es la última, porque el ser humano es un perfecto canalla. Y para contar lo más brutal de esa infame condición humana, seguirán muriendo periodistas.

No conocía a Julio Anguita Parrado ni a José Couso. Eran jóvenes, y yo me jubilé después de los Balcanes; donde, por cierto, enterramos a cincuenta y seis colegas. No sé qué llevó a Julio y José hasta el misil o la granada que los mató, aunque puedo imaginarlo. En cuanto a por qué murieron, debo decir lo que creo: que murieron porque querían estar allí. Fueron voluntarios a un lugar peligroso, y el padre de Julio Anguita lo resumió con una entereza admirable: "Mi hijo murió cumpliendo con su deber". Punto. Hacían un trabajo duro, y salió su número. En la lotería donde se combinan el azar y las leyes de la balística, les tocó a ellos. Suma y sigue. El resto es demagogia y literatura.

Por qué estaban allí, supongo que es la pregunta. Por qué cerca de la línea de fuego, como Julio, o filmando asomado a una ventana en plena batalla, como José. No por dinero, desde luego. Ni por amor desaforado a la información y a la verdad. Tampoco, como he oído decir estos días, por amor a la humanidad, para detener con su testimonio las guerras. La milonga del periodista buen samaritano es una tontería. Ni siquiera Miguel Gil Moreno, a quien han estado a punto de beatificar desde que cascó en Sierra Leona, iba por eso. Uno ayuda, claro. Lo hace cuando puede. Incluso a veces piensa que su trabajo puede cambiar algo. Pero de ahí a que un reportero sea un filántropo, media un abismo. En veintiún años de oficio no encontré ninguno así. Al contrario. Nunca conocí a un reportero que al sonar el primer cañonazo no sintiera la excitación, el hormigueo, de quien empieza una aventura peligrosa y fascinante. Luego vienen los años, la reflexión y la experiencia. Te asustas y no vuelves; lo sigues, y te matan o te haces una reputación.

Mientras, en tu corazón cambian algunas cosas. Descubres responsabilidades y remordimiento Pero eso ocurre después. Digan lo que diga quienes no tienen ni idea del asunto, lo que lleva a un periodista a sus primeros campos de batalla es poder decir: estuve allí. Pasé la más dura reválida de mi perro oficio.

Hablar de asesinatos particulares en una guerra donde mueren miles de personas es una incongruencia. Montar el número de la cabra en torno a la muerte de un reportero -aparte el respetable dolor de familia y amigos-, es insultar la memoria de un profesional valiente que ha hecho su oficio con impecable dignidad, pagándolo con su pellejo. Por supuesto, cuando un tanque lo mata hay que procurar reventar al cabrón del tanque, si se puede. Pero con realismo, no con retórica idiota. Un combate, una batalla, son un caos de miedo, incertidumbre y bombazos, y nadie puede esperar que la gente se comporte con humanidad o cordura. Quien se asoma a una ventar a filmar, lo sabe. Y si no lo sabe, no debería estar allí. El problema con toda esta demagogia es que al final la gente termina creyéndose eso de la guerra limitada y las bombas inteligentes, y de tanto oír tonterías a los políticos y a la prensa del corazón -que esa es otra, el periodismo basura hablando de compañeros muertos-, al final existe el riesgo de que los periodistas crean que los ejércitos son oenegés y la guerra un juego virtual con reglas y principios, y se metan allí creyendo que alguien va a garantizarles la piel o la vida, que cuando se vaya todo al carajo detendrán los combates para evacuarlos, o se pedirán responsabilidades morales y económicas al marine con fatiga de combate y gatillo fácil, o al negro que le rebane los huevos con un machete. Por eso me inquietó que el otro día un telediario anunciase que el Ministerio de Defensa español comunicaba que no garantizaba la seguridad de los periodistas españoles en Bagdad. Naturalmente. Ni el español, ni el norteamericano, ni nadie. Claro que no. Ni en Bagdad, ni en Sarajevo, ni en Saigón, ni en el saqueo de Roma, ni saliendo del caballo de madera, en Troya. Las guerras son, a ver si nos enteramos, peligrosas y putas guerras. Nos ha vuelto tan estúpidos que de semejante obviedad hacemos una noticia.



El escritor fue galardonado el día 1 de abril de 2004 con el XXIX Premio González-Ruano de Periodismo por este artículo publicado en el suplemento dominical "El Semanal".

La paciencia de los justos ha sido recompensada: I'm back

A quien pueda interesar:

Señoras y señores,

tras una larga travesia del desierto me reincorporo a mis tareas en la blogosfera. En breve prometo el relato de las dos odiseas que me han tenido alejado de este hogar y de Doce Doce.

Dicho lo cual queda formular una pregunta clave: ¿hay alguien ahi?

saludos,
DT