martes, abril 15, 2008

Violencia de género y violencia machista: del descuido de las palabras y sus efectos negativos (incluye Maravillas revertianas V y Citas y Frases II)

Al final, género
ARTURO PÉREZ-REVERTE El Semanal 25 de octubre de 2004

Se veía venir. Ley contra la Violencia de Género, la han llamado. Pese a los argumentos de la Real Academia Española, el Gobierno del talante y el buen rollito, impasible el ademán, se ha pasado por el forro de los huevos y de las huevas los detallados argumentos que se le presentaron, y que podríamos resumir por quincuagésima vez diciendo que ese género, tan caro a las feministas, es un anglicismo que proviene del puritano gender con el que los gringos, tan fariseos ellos, eluden la palabra sex. En España, donde las palabras son viejas y sabias, llamar violencia de género a la ejercida contra la mujer es una incorrección y una imbecilidad; pues en nuestra lengua, género se refiere a los conjuntos de seres, cosas o palabras con caracteres comunes –género humano, género femenino, género literario–, mientras que la condición orgánica de animales y plantas no es el género, sino el sexo. Recuerden que antiguamente los capullos cursis llamaban sexo débil a las mujeres, y que género débil no se ha dicho en la puta vida.

Todo eso, pero con palabras más finas y académicas, se le explicó hace meses al Gobierno en un documento respaldado por sabios rigurosos como don Francisco Rodríguez Adrados, don Manuel Seco, don Valentín García Yebra y don Gregorio Salvador, entre otros. Ahí se sugerían alternativas –la RAE nunca impone, sólo aconseja–, recomendando el uso de la expresión violencia doméstica, por ejemplo, que es más recta y adecuada. Al Gobierno le pareció de perlas, prometió tenerlo en cuenta, y hasta filtró el informe –que era reservado– a la prensa. De modo que todo cristo empezó a decir violencia doméstica. Por una vez, se congratuló la Docta Casa, los políticos atienden. Hay justos en Gomorra.
Etcétera.

Pero, como decía La Codorniz, tiemble después de haber reído. Ha bastado que algunas feministas fueran a la Moncloa a decir que la Real Academia no tiene ni idea del uso correcto de las palabras, y a exigir que se ignore la opinión de unos tiñalpas sin otra autoridad que ser lingüistas, filólogos o lexicógrafos, para que el Gobierno se baje los calzones, rectifique, deje de decir violencia doméstica, y la expresión violencia de género figure en todo lo alto de la nueva ley, como un par de banderillas negras en el lomo de
una lengua maltratada por quienes más deberían respetarla. Aunque tal vez lo que ocurre sea, como asegura la franciscana peña que nos rige, que el mundo se arregla, además de con diálogo entre Occidente y el Islam –Occidente sentado en una silla y el Islam en otra, supongo–, con igualdad de géneros y géneras. El otro día ya oí hablar de la España que nos legaron nuestros padres y madres. Tela. Como ven, esto promete.

En cualquier caso, el nombre de la nueva ley es un desaire y un insulto a la Real Academia y a la lengua española; y ocurre mientras el español –aquí llamado castellano, para no crispar– se afianza y se reclama en todas partes, cuando en Brasil lo estudian millones de personas y es obligatorio en la escuela, y cuando se estima que en las universidades de Estados Unidos será lengua mayoritaria, sobre el inglés, hacia 2020. Y oigan. Yo no soy filólogo; sólo un académico de infantería que hace lo que puede, y cada
jueves habla a sus mayores de usted. Esos doctos señores no van a quejarse, porque son unos caballeros y hay asuntos más importantes, entre ellos seguir haciendo posible el milagro de que veintidós academias asociadas, representando a cuatrocientos millones de hispanohablantes, mantengan la unidad y la fascinante diversidad de la lengua más hermosa del mundo –Quevedo, Góngora, Sor Juana y los otros, ya saben: esos plumíferos opresores y franquistas–, y que un estudiante de Gerona, un médico de Bogotá y un arquitecto de Chicago utilicen el mismo diccionario que, se supone, utilizan en La Moncloa. Pero yo no soy un caballero. Me educaron para serlo, pero no ejerzo. Así que me tomo la libertad de decir, amparado en el magisterio de esa Real Academia que el Gobierno de España acaba de pasarse por la entrepierna, que llamar violencia de género a la violencia doméstica es una tontería y una estupidez. Y que la palabra que corresponde a quien hace eso –página 1.421 del DRAE: persona tonta o estúpida– es, literalmente, soplapollas. Eso sí: el año que viene, a la hora de hacerse fotos en el cuarto centenario del Quijote, se les llenará a todos la boca de Cervantes. Ahí los espero.


Como esto es suma y sigue, aquí otra sobre pateo del idioma con motivo del "género".

Valga lo del Sr. Pérez-Reverte de introducción a mis líneas siguientes. La "violencia de género" ha caído en desgracia, ahora viene la "violencia machista". Claro, no me refiero, a los hechos -ojalá-, sino a las palabras que usa para definirlos el presidente Rodríguez-Zapatero y la internacional de la prensa de progreso. Y mira que con lo de la violencia de género dieron el plomazo hasta el límite, cuando había posibilidades mejores y más precisas (p.ej.: violencia conyugal o violencia doméstica; la primera específicamente referida a las relaciones de pareja -heterosexual, homosexual o como fuere, porque la ley de marras apuntaba sólo en un sentido- y la segunda si se pretende ir por todos los abusos y maltratos cometidos en la familia; donde encajarían los que maltratan a los abuelos y les mangonean la pensión, los que se ensañan con los hijos y, también, los que demuestran su retorcida forma de ser contra el cónyuge). Pero don erre que erre demostró su talante en estado puro.

De nuevo en la elección de las palabras me parece que se impone el marketing al apropiado uso del idioma. Por violencia de género, primero, y machista ahora se quiere describir los actos de violencia, intimidación y abuso que dentro de las relaciones de pareja el hombre ejerce contra la mujer. Como ya he dicho deja fuera a parejas homosexuales masculinas y a agresoras femeninas (de parejas homosexuales y heterosexuales). Aunque sean casos estadísticamente poco relevantes, no se justifica la omisión.

Asistimos demasiado a menudo a las noticias del asesinato de la mujer por el marido, novio o "ex". El martilleo de noticias es constante y obviamente hay que hacer algo. El problema para Zapatero es que ya lo hizo. Ya aprobó la Ley en cuestión -del mismo modo que el gobierno de Aznar fue endureciendo progresivamente la legislación sobre la materia- y no se aprecia una mejora significativa de los datos. Curiosamente ningún periodista se atreverá a criticar la ineficiencia de las disposiciones, porque prima lo políticamente correcto.

El presidente con el cambio de denominación -y ahora con la creación del Ministerio de Igualdad- parece que hace algo nuevo, cuando simplemente sigue la deriva en busca de la buena prensa. Así que además de no dar mejores soluciones, se vuelve a equivocar con lo de "violencia machista" (según el DRAE, referncia que al equipo de gobierno se la traerá floja, supongo, machismo. 1. m. Actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres).

El machismo es -o puede ser- una de las causas de la violencia doméstica/conyugal, sí, pero la violencia machista se puede dar perfectamente entre dos o más desconocidos (igual que un racista no necesita conocer a su víctima mientras la apalea, lo mismo puede ocurrir con un machista violento).

Por otra parte, en una pareja se puede dar violencia sin que haya machismo (desde el despecho hasta cuestiones de bolsillo, los motivos para el crimen son casi infinitos sin que implique prepotencia de ninguno).

De nuevo las palabras usadas y la realidad no ajustan. De nuevo, se equivoca el presidente al hablar porque no tiene claro contra qué cosa quiere actuar (denomina por aproximación, vagamente, pero no logra la precisión deseable para poder actuar con acierto pleno).

Concluyo, recurriendo a frase ajena que explica la relación pensamiento-palabra:

"El pensamiento se come sus propias palabras, y así crece" (Rabindranath Tagore)


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P.S.: Como habéis notado con una habilidad pasmosa he hecho un tres en uno, incluyendo reflexión personal, Maravillas revertianas (V) y Citas y frases (II) en un sólo post.

P.S. 2: más frases de Tagore

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