martes, abril 15, 2008

Honrarles como merecen

En 2003 agentes del CNI emboscados en Iraq murieron en acto de servicio. En Estados Unidos un episodio así hubiera significado, una comisión para aclarar la cosa hasta el tuétano. En Inglaterra, Francia o Israel siendo más discreto el estilo no hubieran faltado unas cuantas rigurosas piezas de periodismo de investigación, quizá hasta uno o varios libros en plan Mark Bowden. Incluso, llegado el caso, película y documentales sobre el meritorio trabajo que desempeña "la comunidad de inteligencia". Sin duda, tendríamos datos suficientes para poder honrarles. Sin embargo en España optamos por olvidar rápido.

En 2005 17 militares murieron al estrellarse un helicóptero Cougar. Incidente mal explicado. De nuevo para honrar a los caídos en el cumplimiento del deber hay que saber cuál era su deber y cómo cayeron. Y hay que desterrar la sombra de dudas y sospechas que permiten las elucubraciones de conspirativas descabelladas.

Y en Líbano, un atentado y la inadecuada impedimenta de las tropas dieron como fruto más muertes de los nuestros.

Sé que es impopular decir que en trances trágicos hay que investigar (lo que en España es sinónimo de uso partidista de datos y tratar de sacar ventaja), cuando el pudor llama a dejar a los difuntos tranquilos, y aclarar a la opinión pública la función de los despliegues españoles en el exterior, porque es la única manera de que la ciudadanía -la hayan educado o no como tal- asuma lo que implica la presencia de las Fuerzas Armadas y de los Cuerpos de Seguridad en según que escenarios. No podemos caernos del guindo cada vez que hay bajas, porque todos creíamos que no había riesgos. Porque los hay, por supuesto, pero se asumen porque también hay obligaciones y objetivos dignos y merecedores del esfuerzo. Y ese esfuerzo y esos riesgos obligan a la sociedad a estar pendiente de dónde y cómo van las tropas a servir. Porque llegado el caso hay que estar dispuestos a pedir responsabilidades (como en el accidente del Yak-42 que ha recibido mucha más atención). Por ejemplo la muerte de José Couso ha recibido ese tipo de atención que a los militares se les niega.

España es un país que rehuye de palabras como guerra y ejército, y al hacerlo evita atender a sus militares. Prefiere ver anuncios de reclutamiento válidos para promocionar turismo de aventura y parques temáticos que reflexionar sobre salarios y equipamientos de las Fuerzas Armadas. Los ciudadanos no debemos renegar de nuestro ejército. No debemos abandonarlo. Debemos preocuparnos por él, porque cumple una función esencial que no debemos descuidar.
Y deberíamos saber para poder honrar con justicia su desempeño.

4 comentarios:

Butzer dijo...

Es que aquí en España todo lo que suena a comisión de investigación...

Argonaut dijo...

"A los españoles no les gusta oír palabras como guerra o ejército". A los Ungidos no, desde luego. O por mejor decir, no les gusta oír hablar de Ejército Español, por que luego prestan sus devociones a cualesquier cuatrero con coartada ideológica. Como además son influyentes cultural y socialmente hablando, la población trata de escabullirse de un asunto en el que, intuye, lo mejor que le puede pasar es que la llamen facha.
Y aquí es donde entra la Gran Ministra Mujer, Capitana y Madre. Su cometido es que lo que ahora es sordo runrún de indiferencia de la gente se convierta en axioma y canon de obligado cumplimiento, mientras se alumbra una oenegé con esprais de pimienta para defendernos.
Saludos.

Dick Turpin dijo...

Lo de la nueva ministra... no sé por dónde saldrá la cosa. Por un lado me muevo entre la duda sobre su capacidad e idoneidad para el cargo -su anterior ejecutoria política es bastante pobre y si en este nuevo destino es tan brillante como en los anteriores, vamos dados- y por otro, desearía que, como apuesta de Zapatero y figura a la que quieren promocionar en el PSOE-PSC le presten atención y pueda realizar reformas y poner en marcha cosas...

Duda y deseo, en fin.

Saludos,
DT

Servidores dijo...
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