sábado, enero 12, 2008

Decíamos ayer... Sobre Darío Valcárcel

En los comentarios de un post decembrino aludíamos a la figura del analista Darío Valcárcel. Pensamientos no muy favorables que se ven confirmados a cada momento. Ejemplo esta columna del 13 de diciembre de 2007 que el Sr. Valcárcel nos endiñó en el ABC. No diré que sea sorprendente.

"Francia no sonríe a Gadafi (13/12/2007, ABC)

DARÍO VALCÁRCEL

DOS bombas hacían explosión anteayer, martes, en el centro de Argel mientras otros artefactos dialécticos se preparaban. Se sabe que Al Qaeda es autor de los atentados, pero no se sabe qué hay tras el doble y misterioso vocablo. Adversarios del régimen y argelinos que no lo son creen que detrás de Al Qaeda hay fuerzas del sistema, fracciones del ejército, la organización que gobierna en Argel, no en Argelia, a través de sus clanes. Que fueran alcanzados dos edificios, el Tribunal Supremo y las oficinas de la ONU, es significativo. Es, desde luego, un acto cobarde y cruel, cuyo desarrollo debemos seguir. Pero es más que eso. Han caído funcionarios de los dos organismos, además de estudiantes universitarios de un autobús, alcanzado de lleno.

Doce horas antes, el coronel Gadafi llegaba a París. Volvíamos de un encuentro en el paseo de Alberto I, frente al Sena. Habíamos cruzado el río y avanzábamos por la explanada de los Inválidos. La policía cerraba el paso pocos metros más allá. No se podía cruzar. Llegaba lentamente el presidente libio en su inexplicable limusina blanca, de 35 metros, según un espectador forzoso. El cortejo, de más de un centenar de automóviles, tardó unos minutos en pasar. En Libia se tortura. Opositores al régimen desaparecen para siempre, sin dejar rastro. La libertad de prensa no existe, ni son reconocidos los derechos de reunión, asociación o manifestación. La pena de muerte ha sido abolida para los libios, pero no para los subsaharianos. Lo recuerda en sus declaraciones la joven secretaria de Estado para los Derechos Humanos, Rama Yade, de origen senegalés. La señora Yade anunciaba que asistiría el lunes a la cena de la Federación Internacional de Derechos Humanos, en la noche en que Gadafi sería recibido en el Elíseo. Más grave, el ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, anunciaba cómo «gracias a una feliz coincidencia debo asistir esa noche a la cena de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas».

París ha sido, desde hace siglos, una ciudad dada a los rumores. Pero los comentarios sobre Gadafi no proceden de viejas señoras aficionadas a la conversación. La República tiene una residencia con gran jardín al lado del Elíseo, el hotel de Marigny: allí el presidente libio ha hecho plantar su tienda. Una tienda blindada, con calefacción (las noches del desierto son frías) defendida por 60 amazonas armadas. Las cámaras frigoríficas han llegado en vuelos paralelos con abundante carne de camello, leche de cabra, dátiles... No entramos en los gustos alimentarios de Gadafi, sino en las órdenes cursadas directamente a su jefe de policía durante años. Los muertos y los torturados hacen visitas nocturnas a sus victimarios, pero nadie está seguro de que en este caso sea así.

Un buen diplomático, Jean-David Levitt, relevado en mayo de la embajada de Washington para ser destinado a la presidencia, ha apuntado con sutileza: todos tenemos derecho a la redención. También Libia. Entre tanto, el presidente francés, un pragmático poco dado a superficialidades ideológicas, ironizaba sobre los aficionados a dar lecciones mientras toman su café en el boulevard Saint-Germain. Medio gobierno se ha alzado abiertamente contra la visita del presidente libio, representante de seis millones de súbditos en un espacio como tres españas, entre el Mediterráneo y el desierto. En su subsuelo hay, empero, enormes reservas: 43 billones de barriles de crudo y 1.500 billones de metros cúbicos de gas. Al ritmo de hoy, Libia podrá extraer petróleo durante 70 años y gas licuado durante 130, lo cual presta al coronel Gadafi una fuerte, digamos, autoridad moral. En este otoño el presidente francés ha firmado contratos en Marruecos y Argelia por valor de 21 billones de euros. Quizás añada algo más de 10 billones en estas jornadas. Compañías trasnacionales, pero muy francesas, serán las beneficiarias: sobre todo Areva (generación nuclear) y Airbus. Además de Dassault (cazabombarderos Rafale, helicópteros Tigre), Suez (agua) y Total-Sonatrach (gas). No sabemos cuáles serán los resultados electorales de Nicolas Sarkozy en 2012. Pero en los franceses influirá, es seguro, la enérgica sacudida dada a la balanza exterior en el primer semestre de mandato.
"

El típico estilo del autor, que no se sabe si viene o si va.

¿Qué quieren decir estas líneas? ¿Que los tiranos son males aceptables? ¿Que debemos sufrirlos en silencio como las hemorroides? ¿Que si tienen dinero o recursos naturales hay que componerse con ellos sin importar la atrocidad de sus actos -que pueden mantener en buena medida por los ventajosos tratos que logran hacer con nosotros, las democracias "pragmáticas", incapaces de generar una presión real para que haya cambios a mejor-? ¿Que poco importa lo que ocurra en las casa ajena si en la propia se logra alguna ventajas? ¿Le gusta a Valcárcel lo que hace Sarkozy o la actitud de Kouchner y Yade? Nada queda claro. Todo puro sí pero no, no pero sí. Todo deja muchas puertas abiertas para que el autor en el futuro pueda decir donde dijé digo, digo Diego. Todo muy abierto para que en el futuro pueda decir "como ya advertimos...".

En fin, una columna oportunista que reune lo peor del aislacionismo, mucho pragmatismo comercial -lo del que el comercio debilita a los regímenes cerrados es afirmación que a veces es cierta y a veces no aplica, o sea que no es una Ley General universalmente probada que debamos aceptar como el Credo- y pragmatismo de vieja escuela. Amalgama tan paradójica como indigesta. Lo dicho el estilo típico del autor. Pedantería y equidistancia.

Ah, no pasen por alto que al defender la política del "pragmático" Sarkozy defiende, por extensión, la política de J. L. Rodríguez Zapatero. Siempre aprovechando el viento favorable. Lo dicho, nada nuevo en el estilo del autor, siempre ofreciendo el perfil, que como todos sabemos es mucho menos arriesgado que decir las cosas de frente y claritas.

5 comentarios:

Whitard dijo...

No es por hacer de abogado del diablo, pero este artículo de Kaplan puede dar respuesta a algunas de tus preguntas:
http://www.thirdworldtraveler.com/Democracy/DemocracyMoment_AM.html

Dick Turpin dijo...

Saludos Whitard, feliz Año 2008.

Kaplan es una autor muy interesante. Hace unos meses tras leerme un par de sus libros me rondó la idea de subir un post titulado algo así como "Kaplan, el último realista vivo" pero al final lo dejé pasar (entre otras razones porque de realistas el mundo está lleno; en las universidades en Estados UNidos los hay por montones).

De alguna manera Kaplan es el reverso realista de Ignatieff. Robert Kaplan tiene puntos de vista muy atractivos pero creo que patina a veces. Por ejemplo por su confianza en los gobiernos mixtos de dictadura/democracia (Pakistán, Perú de Fujimori, Venezuela de Chávez) como artefactos de mejoras sustanciales en esos países. Pero el problema de esos sistemas mixtos es que en teoría son útiles si son transitorios... cosa que casi nunca se da. El gobernante con los poderes recibidos tiende a amarrarse a la silla de mala manera -ejemplo Egipto- y se queda bajo la amenaza de que el sistema no aguantará sin el hombre fuerte -de hecho suele ser cierto, pero porque el sistema ha sido debilitado por el gobernante para garantizar la permanencia en el poder-.

De todos modos lo dicho Kaplan es un autor muy sugerente y muy grato de leer, cosa que no creo que podamos decir de Valcárcel desde hace una temporada larga.

Saludos,
DT

Alfa dijo...

Alabo tu paciencia Turpin yo ya hace tiempo que deje de leerle, no solo no aporta nada en sus análisis, sino que además pontifica lo que no soporto.

Whitard dijo...

Pues tengo un dilema, dick, porque tanto Kaplan como Ignatieff me convencen. Es cierto que Kaplan relativiza demasiado las dictaduras. No es lo mismo Fujimori que Musharraf, y no es igual de aceptable una dictadura en Argelia que sirva de tapón al islamismo que una en Chile.

Hace poco ví el documental "Inside America's Empire", de la serie "America at a crossroads", de la PBS. Muy recomendable para constatar el éxito de EE.UU en la lucha contra el terrorismo en países como Filipinas, Georgia o Mali, de los que nunca se habla. Al final Kaplan se pregunta: ¿Qué EE.UU quieres: uno aislacionista, uno intervencionista modelo Irak o uno igualmente intervencdionista pero al modo eficaz en el que el Ejército trabaja en estos países?

Es curioso que tanto Ignatieff como Kaplan apoyaron firmemente la deciión de derrocar a Sadam. Los dos se han retractado.

La vuelta al realismo es inevitable, aunque habría que matizarlo y huir lo más posible de los desastres del pasado.

Saludos.

Dick Turpin dijo...

Whitard,

tanto Kaplan como Ignatieff son atractivos. Me decanto un poco hacia Kaplan por una cuestión de estilo. Ignatieff es más académico -y por eso un punto más espeso; especialmente en el Mal menor-, mientras que Kaplan es más "periodístico". COmo digo ambos resultan atractivos y convincentes... con sus peros, claro.

la aventura iraquí sumó en su día a mucha gente, algunos realistas (p. ej. Kissinger, Kaplan, Ferguson), demócratas duros (Joe Libbermann), internacionalistas de los derechos humanos (Ignatieff), otros como Fukuyama y más. La mayoría han dado un paso atras y han vuelto al redil del realismo más ortodoxo... pero siguen diciendo que no se puede en caer en errores de antaño.

pero no olvidemos que los errores del pasado son los errores del realismo, que optó por la estabilidad en las relaciones internacionales en lugar de por la democracia... y ahora ni estabilidad ni democracia (ese era el tema de un discurso de Condi Rice de ¿2005? pronunicado en Egipto), con el resultado de mayor inseguridad... ¿cómo forzar las reformas sin "romper" los países? esa es la cuestión, que diría cualquier principe danés atribulado.

El problema de los regímenes autoritarios en los países islámicos es que si bien frenan durante un tiempo a los extremistas, generan también mucho descontento en sus poblaciones, que sienten que no hay logros reales en las libertades políticas, lo que les lleva a apoyar crecientemente a los que dicen defender un cambio radical: los extremistas revolucionarios. Además, se culpa a Occidente de aceptar a estos autócratas, mientras hablamos de democracia, lo que desacredita el discurso en favor d ela democracia y nos muestra como hipócritas...

EN fin, debate largo.El retorno del realismo es ley del péndulo. Tras una etapa de realismo se pasa a otra de cierto idealismo y viceversa.

Alfa,

es cierto pontifica ("ya advertíamos desde estas páginas...") pero las columnas del periódico obligan a brevedad. En su caso se agradece.

Saludos,
DT