miércoles, enero 30, 2008

Solidaridad con Nacho Serra

Vía Dwight me entero de que Nacho Serra, de Noggia, ha sido amenazado de muerte por el famoso "entorno" de ETA. Su pecado, ya se sabe, el típico: no le gustan los terroristas ni sus amigos, ni comulga con la imposición de los mitos nacionalistas.

Ni que decir tiene que me sumo a las muestras de solidaridad con Nacho.

Otra ración en Doce Doce

Advierto que he dejado otra ración de mis cosas en Doce Doce.

Un saludo

ACTUALIZACIÓN: Segunda del dia en Doce Doce. Largo post -el que avisa no es traidor- sobre Colombia, guerrilla, secuestrados y satélites que se mueven a su alrededor.

viernes, enero 25, 2008

Maravillas revertianas (III): Esta industria de aquí

Entrega de esta semana de las cosas del señor Pérez-Reverte, más acertado y divertido que nunca, sobre "nuestro cine".

PATENTE DE CORSO
Esta industria de aquí

ARTURO PÉREZ-REVERTE El Semanal 8 de febrero de 2004

Me han convencido, pardiez. Me refiero a los anuncios de apoyo al cine español que han puesto en la tele, choteándose del que se hace en los Estados Unidos. También a las declaraciones de ciertos productores cinematográficos -la industria, se llaman a sí mismos- afirmando que hay que educar a los espectadores, que nuestro cine es mejor, y que parece mentira que, con los pedazos de películas que hacemos aquí, la estúpida chusma no acuda en masa a la taquilla, y en cambio se infle a canales digitales y deuvedés, o haga cola en los estrenos de Hollywood, hay que joderse, toda esa competencia desleal e inexplicable, incluidos los moros y los negros manta, rediós, una conjuración de Venecia que te vas de vareta, oye, todos contra el buen y sólido cine español. Acogotadito lo tienen, a pesar de su calidad y su tronío. Y claro, dicen. El espectador, que es tonto del nabo, salvo en carambolas como Los lunes al sol o Mortadelo y Filemón, se deja engañar por estafadores tipo Peter Weir o Ridley Scott en vez de precipitarse a las butacas cuando estrenan Fulano o Mengano -disculpen que eluda nombres, pero insultar me da mucha risa, y toso-. La solución, naturalmente, es que el Estado y las televisiones suelten más subvenciones y más pasta. Todo cristo, ojo. Menos los productores de cine. Porque es sabido que en España ningún productor importante arriesga un duro propio. Hasta ahí podíamos llegar. Una cosa es ser industria y pasar de paria a comprarte chalets en San Apapucio de la Infanta, y otra es ser gilipollas. No te fastidia.

Así que estoy con ellos, lo mismo que con algunos imprescindibles directores nuestros que sólo pueden oponer el noble argumento de su pata negra auténtica, española. A la brutal ofensiva del cutre cine norteamericano. Esos guiris son vulgares mercenarios que se limitan a contar una historia de forma eficaz, ajenos a los delicados matices artesanos del cine que hacemos aquí, al contenido filosófico, a la cultura, a nuestra hilarante capacidad para filmar comedias que envidiaría Billy Wilder. Sin contar con que Hollywood juega con sucia ventaja. Allí hay guionistas que escriben guiones, y actores que cuando dicen algo te lo crees, y hasta el niño de los Soprano, que no abre la boca, parece un actor. Y claro, así hace cine cualquiera. Hasta los gabachos lo hacen: En busca del fuego, Amelie, Capitán Conan, Tanguy, El pacto de los lobos y todas esas pelis facilonas y poco espontáneas que luego son éxitos porque el público franchute es chauvinista y apoya su cine. Aunque sea una mierda. El mérito es hacer cine sin guión y sin actores, como lo hacemos aquí. Porque el cine de verdad se hace con un productor con cuartelillo en las teles y en el ministerio, con un director que -a ser posible- se la succione al Pepé, al Pesoe o a quien mande, y con actores naturales como la vida misma, no maleados por las escuelas de interpretación, el teatro o la experiencia: gente que farfulla con la misma frescura y naturalidad que se utiliza en la puta calle, y a la que da lo mismo que te creas o no, porque lo que cuenta es que sepan decir: oye tía, paso de ti, con espontaneidad honesta.

También, volviendo a la industria, comprendo que ser productor de películas fascinantes e incomprendidas lleva sus gastos. La culpa la tienen el Estado y las televisiones, que llevan la tira financiando doscientas obras maestras cada año, y ahora se rajan. O sea, que te acostumbran a tirar con pólvora del rey, y de pronto llegan los aguafiestas y dicen: chaval, se acabó el chollo, o sea, ya no hay más viruta para que hagas arte y de paso te pagues las letras del yate y el estirado de pellejos de tu pava. Ya sé que todos los críticos -los de aquí- ponen tus películas de cinco estrellas para arriba. También sé que has producido la versión neohistóricaporno de Rosario la Cortijera, el apasionante drama psicológico Pásame la sal, cariño o la desternillante comedia Al sur del oro y el moro de Moscú, esta última nada menos que con Andrés Pajares. Sí. El cine español está en deuda contigo, colega. Una deuda que te cagas. Por eso te dimos once estatuillas y un beso de Paz Vega en la gala de los Gaya. Pero la teta no da más leche. ¿Captas? Treinta y seis espectadores no justifican los seiscientos kilos que te endiñamos por cada una. Así que chao, Cecilbedemille. Eso es lo que te dicen ahora. Y claro, te hunden el negocio. Perdón. La industria.


A gusto se queda uno cuando lee estas cosas ¿verdad?

jueves, enero 17, 2008

Maravillas revertianas (II): El Viejo Amigo Jack Aubrey

Segunda entrega de la Operación "Limpiando el disco duro". Otro que ha recordado no ha mucho el trasunto es Wallenstein. Casualidades oportunas.

El viejo amigo Jack Aubrey
ARTURO PÉREZ-REVERTE El Semanal 7 de diciembre de 2003

“Estamos al otro lado del mundo en un simple barco de madera, pero este barco es un trozo de nuestra patria. Hoy vamos a luchar por nuestra patria"... Hace falta tener muchos huevos y pocos complejos históricos, o sea, hay que ser británico -australiano, en este caso, como el director Peter Weir- para meter esa frase en una película, a estas alturas de la feria, y que encaje con perfecta naturalidad. O sea, que uno ve Master and commander, la extraordinaria versión cinematográfica de las novelas navales de Patrick O'Brian con las aventuras del capitán Jack Aubrey y su amigo el doctor Maturin, y a la satisfacción de ver la que sin duda es la mejor película marinera desde Moby Dick, une la admiración por el modo en que los anglosajones, es decir, los perros ingleses y sus derivados, son capaces de abordar narrativamente su memoria histórica, mantenerla viva y fresca, y convertirla, además, en un relato apasionante que te agarra por el pescuezo.

Les juro a ustedes por mis muertos que hacía mucho tiempo que el cine no me deparaba dos horas de felicidad tan absoluta. He disfrutado como un gorrino en un maizal. Si para un espectador normal, de infantería, la película es una magnífica historia de aventuras navales, para los que pertenecemos a la cofradía de lectores de novelas de Patrick O'Brian -de quien, por cierto, acaba de publicarse aquí la última de las veinte que componen la serie, Azul en la mesana-, la película interpretada por Russell Crowe, clavado en el papel de capitán Aubrey, es, amén de perfecto estudio psicológico de personajes, una delicia técnica. Y no sólo por las impresionantes secuencias de temporales y batallas, con las astillas volando por cubierta y los palos desplomándose entre el humo y los cañonazos, sino también, y sobre todo, por la exquisita fidelidad de los detalles náuticos: armas, utensilios marineros, cabuyería, manejo de las velas y la jarcia de labor, indumentaria, tatuajes, cicatrices, suciedad de la vida a bordo. Con el lujo extra de que, para la correcta traducción de las palabras marineras en el doblaje -eterno punto flaco del cine del mar-, los distribuidores españoles recurrieron a Miguel Antón, traductor de las últimas novelas de O'Brian: un joven catalán especialista en terminología naval de finales del XVIII. Que, oigan. Está feo que yo lo diga, porque Miguel es amigo mío. Pero el cabrón lo borda.

Sin embargo, aparte el exquisito cuidado de esos detalles, lo que se impone viendo Master and commander -mi único disgusto es que no hayan utilizado el título español: Capitán de mar y guerra- es el inmenso placer que a cualquier lector de O'Brian le produce ver navegar y combatir, en imágenes de extraordinaria belleza, a la embarcación en la que tanto ha navegado página tras página: la fragata de 28 cañones Surprise, ese barco mítico cuyo nombre ocupa lugar de honor junto al Pequod, La Hispaniola, el Patna y otros barcos literarios, insumergibles en nuestro recuerdo. Barcos a los que, por cierto, el gallego Alberto Fortes -tomen nota los apasionados del mar- acaba de dedicar un libro bello y melancólico llamado Memorial de a bordo.

Luego, claro, uno se entera de que el rodaje de la película costó ciento cuarenta millones de dólares y que tuvo el asesoramiento entusiasta del Almirantazgo británico, desde pormenores de construcción naval, artillería y maniobra hasta fórmulas matemáticas para determinar el tamaño de un ancla. Y claro. Resulta inevitable comparar. ¿Imaginan aquí? ¿Se hacen a la idea de que un guión con diálogo como el que abre este artículo sobre la mesa de un ministro o de un político?... En este país de gilipollas, donde no es precisamente asunto histórico lo que falta para el cine, todo cristo se la habría cogido con papel de fumar, no fuera que se ofendiese tal o cual autonomía, o se trataran cosas irritantes para éste o para aquél. Cuidadín. Aquí, cualquier cosa que tenga que ver con la palabra España queda descartada por conflictiva, y a lo más que llegamos es a las películas caspa de Vicente Aranda, con unos cuantos imbéciles calificando Juana la loca o Carmen de obras maestras. Que tiene pelotas. A eso añádanle el compadreo y la poca vergüenza. No quiero imaginar lo que pasaría si en España se destinaran ciento cuarenta kilos de mortadelos a una película. Dos de cada tres productores se embolsarían ciento veinte, y con el resto harían una puñetera mierda.

martes, enero 15, 2008

Aclarando, que es gerundio: sobre el Terrorismo en Colombia (extensible a otras latitudes)

A estas alturas de la película todavía me sorprende que de vez en cuando haya que repetir lo que todo el mundo debería saber ya; y sin embargo parte del personal sigue perdido en divagaciones espúreas. Bueno, venga, otra vez y desde el principio, qué pereza, madre. Hoy el terrorismo -al paso que vamos mañana puede tocar la Ley de la Gravedad, todo muy en plan de "¿Sabes más que un niño de primaria?"-. Aclarando:

  1. Los terroristas no tienen consideración de tales por su ideología. Se hacen merecedores de esa consideración por sus actos; específicamente por el uso de la violencia para conseguir sus objetivos. Resumiendo muchísimo el asunto: cuando un grupo de personas reunidas y estructuradas se dedica a extorsionar, secuestrar, asesinar y, en definitiva, quebrantar la Ley de cuanto modo se le ocurra, se trata de un grupo de delincuentes organizados. Si el objetivo que les moviliza es económico lo llamamos mafia. Si el objetivo -o pura fachada para legitimarse- dicen que es político lo calificamos de grupo terrorista. Sin más. Así de sencillo. Repito los terroristas no son tales por sus objetivos sino por los medios que utilizan para lograrlos. Toca decir esta obviedad porque siempre hay algún danés bobo, algún "intelectual progresista" o algún presidente, bolivariano, sandinista (Ortega no ha tanto ya había dado buena muestra de su "sensibilidad" en este particular) y aún otros gobiernos latinoamericanos, que no quieren aceptar algo tan sencillo como que las F.A.R.C. y el E.L.N. son terroristas (se financian con el tráfico de drogas, asesinan -especialmente población campesina; para liberarla se entiende- y secuestran -las cifras se mueven entre 2.000-3.000 personas, aunque sólo los llamados "canjeables", cerca de 40 concentran la atención-; o sea terrorismo puro y duro) y que desbarran culpando de todo al imperialismo represor post 11-S o algo parecido.
  2. Lo dicho anteriormente sobre qué es un terrorista tan aplicable es a las F.A.R.C. como a E.T.A. -vaya esta nota para simpáticos componedores del nacionalismo catalán, del socialismo español y demás comprensivos- como a Al-Qaida.
  3. Discrepo con la opinión de la recién liberada Consuelo González de Perdomo sobre las palabras del presidente Chávez ante la Asamblea Nacional de Venezuela para que se considere a las F.A.R.C. y al E.L.N., grupos insurgentes, y no terroristas. Las F.A.R.C. nacieron más o menos hace medio siglo. La consideración de grupo terrorista es bastante reciente. ¿Antes de la inclusión en la lista de organizaciones terroristas se estaba más cerca de alcanzar la paz? No lo parece. Más bien al contrario, ese hecho ha ayudado al gobierno colombiano y debilitado a las F.A.R.C. y al E.L.N. ¿Han cambiado en algo estas dos organizaciones para reconsiderar la decisión? No. Sólo el abandono de la violencia por parte de estas bandas armadas merecería el cambio de status.

Creo que hoy ya hemos dejado algo un poco más claro ¿no?

Visiten Doce Doce

Hoy en Doce Doce con Rubalcaba, Rodríguez Zapatero y las alegres comadres. Si gustan.

Maravillas revertianas: La mochila y el currículum

Con el año nuevo, y continuando con el trasteo por el disco duro, voy a ir sacando a la luz algunas de las cosas que conservaba en el ordenador desde hace tiempo sin mucho objeto pero con mucho gusto y que poco a poco voy a ir dejando por acá. Inicia aquí una serie de mis favoritos de Pérez-Reverte.

LA MOCHILA Y EL CURRÍCULUM
ARTURO PÉREZ-REVERTE

El Semanal 9 de febrero de 2003

Llueve a ratos, y Madrid está frío y desapacible. Pasan paraguas al otro lado del escaparate de la librería de mi amigo Antonio Méndez, el librero de la calle Mayor. Estamos allí de charla, fumando un pitillo rodeados de libros mientras Alberto, el empleado flaco, alto y tranquilo, que no ha leído una novela mía en su vida ni piensa hacerlo -«ni falta que me hace», suele gruñirme el cabrón- ordena las últimas novedades. En ésas entra un chico joven con una mochila a la espalda, y se queda un poco aparte, el aire tímido, esperando a que Antonio y yo hagamos una pausa en la conversación.

Al fin, en voz muy baja, le pregunta a Antonio si puede dejarle un currículum. Claro, responde el librero. Déjamelo. Y entonces el chico saca de la mochila un mazo de folios, cada uno con su foto de carnet grapada, y le entrega uno. Muchas gracias, murmura, con la misma timidez de antes.

Si alguna vez tiene trabajo para mí, empieza a decir. Luego se calla. Sonríe un poco, lo mete todo de nuevo en la mochila y sale a la calle, bajo la lluvia.

Antonio me mira, grave. Vienen por docenas, dice. Chicos y chicas jóvenes. Cada uno con su currículum. Y no puedes imaginarte de qué nivel. Licenciados en esto y aquello,
cursos en el extranjero, idiomas. Y ya ves. Hay que joderse.

Le cojo el folio de la mano. Fulano de Tal, nacido en 1976. Licenciado en Historia, cursos
de esto y lo otro en París y en Italia. Tres idiomas. Lugares, empresas, fechas. Cuento hasta siete trabajos basura, de ésos de tres o seis meses y luego a la calle. Miro la foto de carnet: un apunte de sonrisa, mirada confiada, tal vez de esperanza. Luego echo un vistazo al otro lado del escaparate, pero el joven ha desaparecido ya entre los paraguas, bajo la lluvia.

Estará, supongo, entrando en otras tiendas, en otras librerías o en donde sea, sacando su conmovedor currículum de la mochila. Le devuelvo el papel a Antonio, que se
encoge de hombros, impotente, y lo guarda en un cajón.

Él mismo tuvo que despedir hace poco a un empleado, incapaz de pagar dos sueldos tal y como está el patio. Antes de que cierre el cajón, alcanzo a ver más fotos de carnet
grapadas a folios: chicos y chicas jóvenes con la misma mirada y la misma sonrisa a punto de borrárseles de la boca. España va bien y todo eso, me digo. La puta España. De pronto la tristeza se me desliza dentro como gotas frías, y el día se vuelve más desapacible y gris. Qué estamos haciendo con ellos. Maldita sea. Con estos chicos.

Antonio me mira y enciende otro cigarrillo. Sé que piensa lo mismo. En qué estamos convirtiendo a todos esos jóvenes de la mochila, que tras la ilusión de unos estudios y una carrera, tras los sueños y el esfuerzo, se ven recorriendo la calle repartiendo currículum en los que dejan los últimos restos de esperanza Licenciados en Historia o en lo que sea, ocho años de EGB, cinco de formación profesional, cursos, sacrificios personales y familiares para aprender idiomas en academias que quiebran y te dejan tirado tras pagar la matrícula. Indefensión, trampas, ratoneras sin salida, empresarios sin escrúpulos que te exprimen antes de devolverte a la calle, políticos que miran hacia otro lado o lo adornan de bonito, sindicatos con más demagogia y apoltronamiento que
vergüenza. Trabajos basura, desempleos basura, currículums basura. Y cuando el milagro se produce, es con la exigencia de que estés dispuesto a todo: puta de taller, puta de empresa, boca cerrada para sobrevivir hasta que te echen; y si tienes buen culo, a ser posible, deja que el jefe te lo sobe. Aún así, chaval, chavala, tienes que dar las gracias por los cambios de turno arbitrarios, los fines de semana trabajados, las seiscientas horas extras al año de las que sólo ochenta figuran como tales en la nómina. Y si encima pretendes mantener una familia y pagar un piso date con un canto en los dientes de que no te sodomicen gratis. Flexibilidad laboral, lo llaman. Y gracias a la flexibilidad de los
cojones se han generado, dice el portavoz gubernamental de turno tropecientos mil empleos más, y somos luz y fan de Europa. Guau. Gracias a eso, también, un chaval de veintipocos años puede disfrutar de la excitante experiencia de conocer ocho empleos de chichinabo en tres o cuatro años, y al cabo verse el la calle con la mochila, buscándose la vida bajo la lluvia.

Partiendo una y otra vez de cero. Flexibilidad laboral. Rediós. Cuánto eufemismo y cuánta mierda. A ver qué pasa cuando, de tanto flexionarlo, se rompa el tinglado y se vaya todo al carajo, y en vez de currículums lo que ese chico lleve en la mochila sean cócteles molotov.

sábado, enero 12, 2008

Decíamos ayer... Sobre Darío Valcárcel

En los comentarios de un post decembrino aludíamos a la figura del analista Darío Valcárcel. Pensamientos no muy favorables que se ven confirmados a cada momento. Ejemplo esta columna del 13 de diciembre de 2007 que el Sr. Valcárcel nos endiñó en el ABC. No diré que sea sorprendente.

"Francia no sonríe a Gadafi (13/12/2007, ABC)

DARÍO VALCÁRCEL

DOS bombas hacían explosión anteayer, martes, en el centro de Argel mientras otros artefactos dialécticos se preparaban. Se sabe que Al Qaeda es autor de los atentados, pero no se sabe qué hay tras el doble y misterioso vocablo. Adversarios del régimen y argelinos que no lo son creen que detrás de Al Qaeda hay fuerzas del sistema, fracciones del ejército, la organización que gobierna en Argel, no en Argelia, a través de sus clanes. Que fueran alcanzados dos edificios, el Tribunal Supremo y las oficinas de la ONU, es significativo. Es, desde luego, un acto cobarde y cruel, cuyo desarrollo debemos seguir. Pero es más que eso. Han caído funcionarios de los dos organismos, además de estudiantes universitarios de un autobús, alcanzado de lleno.

Doce horas antes, el coronel Gadafi llegaba a París. Volvíamos de un encuentro en el paseo de Alberto I, frente al Sena. Habíamos cruzado el río y avanzábamos por la explanada de los Inválidos. La policía cerraba el paso pocos metros más allá. No se podía cruzar. Llegaba lentamente el presidente libio en su inexplicable limusina blanca, de 35 metros, según un espectador forzoso. El cortejo, de más de un centenar de automóviles, tardó unos minutos en pasar. En Libia se tortura. Opositores al régimen desaparecen para siempre, sin dejar rastro. La libertad de prensa no existe, ni son reconocidos los derechos de reunión, asociación o manifestación. La pena de muerte ha sido abolida para los libios, pero no para los subsaharianos. Lo recuerda en sus declaraciones la joven secretaria de Estado para los Derechos Humanos, Rama Yade, de origen senegalés. La señora Yade anunciaba que asistiría el lunes a la cena de la Federación Internacional de Derechos Humanos, en la noche en que Gadafi sería recibido en el Elíseo. Más grave, el ministro de Asuntos Exteriores, Bernard Kouchner, anunciaba cómo «gracias a una feliz coincidencia debo asistir esa noche a la cena de ministros de Asuntos Exteriores de la UE en Bruselas».

París ha sido, desde hace siglos, una ciudad dada a los rumores. Pero los comentarios sobre Gadafi no proceden de viejas señoras aficionadas a la conversación. La República tiene una residencia con gran jardín al lado del Elíseo, el hotel de Marigny: allí el presidente libio ha hecho plantar su tienda. Una tienda blindada, con calefacción (las noches del desierto son frías) defendida por 60 amazonas armadas. Las cámaras frigoríficas han llegado en vuelos paralelos con abundante carne de camello, leche de cabra, dátiles... No entramos en los gustos alimentarios de Gadafi, sino en las órdenes cursadas directamente a su jefe de policía durante años. Los muertos y los torturados hacen visitas nocturnas a sus victimarios, pero nadie está seguro de que en este caso sea así.

Un buen diplomático, Jean-David Levitt, relevado en mayo de la embajada de Washington para ser destinado a la presidencia, ha apuntado con sutileza: todos tenemos derecho a la redención. También Libia. Entre tanto, el presidente francés, un pragmático poco dado a superficialidades ideológicas, ironizaba sobre los aficionados a dar lecciones mientras toman su café en el boulevard Saint-Germain. Medio gobierno se ha alzado abiertamente contra la visita del presidente libio, representante de seis millones de súbditos en un espacio como tres españas, entre el Mediterráneo y el desierto. En su subsuelo hay, empero, enormes reservas: 43 billones de barriles de crudo y 1.500 billones de metros cúbicos de gas. Al ritmo de hoy, Libia podrá extraer petróleo durante 70 años y gas licuado durante 130, lo cual presta al coronel Gadafi una fuerte, digamos, autoridad moral. En este otoño el presidente francés ha firmado contratos en Marruecos y Argelia por valor de 21 billones de euros. Quizás añada algo más de 10 billones en estas jornadas. Compañías trasnacionales, pero muy francesas, serán las beneficiarias: sobre todo Areva (generación nuclear) y Airbus. Además de Dassault (cazabombarderos Rafale, helicópteros Tigre), Suez (agua) y Total-Sonatrach (gas). No sabemos cuáles serán los resultados electorales de Nicolas Sarkozy en 2012. Pero en los franceses influirá, es seguro, la enérgica sacudida dada a la balanza exterior en el primer semestre de mandato.
"

El típico estilo del autor, que no se sabe si viene o si va.

¿Qué quieren decir estas líneas? ¿Que los tiranos son males aceptables? ¿Que debemos sufrirlos en silencio como las hemorroides? ¿Que si tienen dinero o recursos naturales hay que componerse con ellos sin importar la atrocidad de sus actos -que pueden mantener en buena medida por los ventajosos tratos que logran hacer con nosotros, las democracias "pragmáticas", incapaces de generar una presión real para que haya cambios a mejor-? ¿Que poco importa lo que ocurra en las casa ajena si en la propia se logra alguna ventajas? ¿Le gusta a Valcárcel lo que hace Sarkozy o la actitud de Kouchner y Yade? Nada queda claro. Todo puro sí pero no, no pero sí. Todo deja muchas puertas abiertas para que el autor en el futuro pueda decir donde dijé digo, digo Diego. Todo muy abierto para que en el futuro pueda decir "como ya advertimos...".

En fin, una columna oportunista que reune lo peor del aislacionismo, mucho pragmatismo comercial -lo del que el comercio debilita a los regímenes cerrados es afirmación que a veces es cierta y a veces no aplica, o sea que no es una Ley General universalmente probada que debamos aceptar como el Credo- y pragmatismo de vieja escuela. Amalgama tan paradójica como indigesta. Lo dicho el estilo típico del autor. Pedantería y equidistancia.

Ah, no pasen por alto que al defender la política del "pragmático" Sarkozy defiende, por extensión, la política de J. L. Rodríguez Zapatero. Siempre aprovechando el viento favorable. Lo dicho, nada nuevo en el estilo del autor, siempre ofreciendo el perfil, que como todos sabemos es mucho menos arriesgado que decir las cosas de frente y claritas.