martes, octubre 09, 2007

Rosa Montero, Inquietante

Rosa Montero, Antonio Muñoz Molina y algunos otros representan a las gentes de izquierda de buen estilo. Expresan sus puntos de vista con convicción pero sin faltar -hemos llegado a que decir esto sea algo destacable, cuando debería ser la norma...-. Y se agradece. Fueron de las pocas voces que durante la llamada "crisis de Iraq" manifestaron su oposición a la postura del Gobierno con criterio y buenos modos. Con lo fácil que les hubiera sido sumarse sin más a lo que pasaba a su alrededor -por ejemplo en El País, donde ambos tenían cita con los lectores- optaron por otro estilo. Desde entonces sigo sus opiniones con respeto. Hoy Rosa Montero escribe una columna en El País, cuando menos, interesante.

Inquietante, Rosa Montero (El País, martes, 9 de octubre de 2007)


"La heroica determinación de los monjes y del pueblo birmano han hecho que el olvidado conflicto de Birmania (Myanmar) alcanzara la primera plana de los periódicos. La Junta Militar lleva aplastando el país desde 1962, masacrando y violando todos los derechos civiles sin que el mundo se interesara demasiado. Aparte de la existencia de Suu Kyi, la Nobel de la Paz en perpetuo arresto, la gente apenas sabía nada de Birmania antes de las actuales movilizaciones. Yo tampoco supe gran cosa hasta 1999, cuando los estupendos Reporteros sin Fronteras me ofrecieron amadrinar a la periodista y novelista birmana San San Nweh, condenada a 10 años de cárcel por aparecer de espaldas en un reportaje de la televisión francesa. Cumplió siete en la prisión de Insein, un lugar siniestro, famoso como centro de torturas. En Insein quizá estén ahora algunas de las 2.700 personas que han sido detenidas en los pasados días (fuentes no oficiales elevan esta cifra a 6.000), y tengan por seguro que muchas de ellas están siendo torturadas, tal vez en este mismo instante. El régimen sigue empeñado en destruir a los disidentes y organiza mítines de apoyo de asistencia forzosa: al parecer cada familia debe de mandar al menos dos miembros. Se diría, pues, que la Junta hace caso omiso del griterío internacional. Pero es evidente que ese griterío y la oposición diplomática de los demás países es un arma esencial en la lucha contra la barbarie. El problema, lo que me preocupa, es no saber por qué en determinados momentos esa entelequia llamada comunidad internacional se digna a mirar a un país y a condenar sus excesos, mientras que en otras épocas ni ve ni sabe ni oye. ¿Por qué ahora sí que nos escandaliza Birmania y antes no? ¿Por el exotismo y la plasticidad de las largas filas de budistas azafranados, que quedan tan bien en las fotografías? Hace unos días leí que Karzai, el presidente de Afganistán, ha ofrecido a los talibanes entrar en el Gobierno. Son los mismos talibanes enloquecidos y brutales que mantienen a las mujeres en unas condiciones infrahumanas. Que les prohíben ir al colegio y salir solas a la calle. Hace años los talibanes llenaron las primeras páginas, con razón, e incluso hubo una guerra. Pero ahora parece que ya no toca hablar de ellos. Qué inquietante."


Afganistán, además de un problema bélico -sí, es una guerra aunque se prefiera ocultar bajo el eufemismo de "misión de paz"-, es un problema político. Los talibanes siguen ahí y los señores de la guerra, también. El Estado no acaba de consolidarse y tiene que aceptar demasiadas componendas. Y menudo personal para ponerse componedores: talibanes o señores de la guerra; lo mejor de cada casa, vamos; unas malas bestias de cuidado. Porque parte de las cosas que los talibanes radicalizaron referente a la discriminación de las mujeres, había empezado, con más tibieza, claro, bajo los señores de la guerra.

Y no olvidemos que si se fue a Afganistán, fue a levantar un Estado y a desalojar a aquellos angelitos del Poder y hasta que eso no se haga, no podremos decir que se ha tenido éxito. Valga la columna de R. Montero de recordatorio.

2 comentarios:

Doe Neocón dijo...

Hmm, nunca he sentido ninguna simpatía ni por Montero ni por Muñoz Molina; aunque contar con tu aval dice mucho en su favor, sin duda...

Dick Turpin dijo...

Doe,

quizá mi respeto hacia ellos se debe a la ausencia de insultos para defender lo suyo. Incluso, Muñoz Molina, cuando muchos se apuntaron a decir que en España no había libertad bajo Aznar le puso el punto sobre la "i" a más de uno...por ejemplo a Bernardo Atxaga, al que le recordó que ambos habían viajado en plan "embjada cultural" de la marca España con el PP en el gobierno y nunca les habían dicho qué tenían que decir, ni les habían callado ni nada de nada... o sea que esa actitud de cobro y callo, si creía de verdad que había falta de libertad era hipocresia de la misma forma que apuntarse al carro de los "represaliados" era simplemente un acto bastante insincero.

Mientras, recuerdo a Maruja Torres diciendo eso de que los votantes del PP eramos unos "hijos de puta". Mientras pienso en Pepiño Blanco que el único instrumento que tiene para defender sus gestión es hablar de Iraq y decir que ellos no son el PP -es decir que es incapaz de generar un discurso positivo de si mismo y de sus partido y se limita a decir "ellos son peores"-.

Como ves, en la comparación las figuras de Montero o Muñoz Molina se agigantan de manera espectacular. QUizá en otro contexto no les daría tanta importancia, pero en el actual, creo que es de justicia diferenciar entre quien mantiene la compostura y quien ofende.

Saludos,
DT