sábado, septiembre 29, 2007

Un regalito: dos cosas que todos deberían escuchar

En una esquina don Ludwig van Beethoven y la Obertura de Egmont (aquí video de L. Bernstein dirigiendo a la Filarmónica de Viena), en la otra don Richard Wagner -sí, ese cuya audición anima a la invasión de Polonia según Woody Allen- con la Marcha Funebre de El Crepúsculo de los Dioses (que alguien lo escriba en alemán sin faltas de ortografía del tirón si tiene valor), aquí en sonido y aquí en video.

Espero que lo disfruten.

7 comentarios:

J dijo...

Cuidado, Dick: se empieza con esto y se acaba tomando uno en serio a Heidegger.

Amaia dijo...

Yo me bajé el otro día un zip con 8 Requiems (Mozart, Dvorak, Faure, Verdi, Berlioz...) Soy una fan del Requiem de Mozart. Creo que es algo precioso y no solamente su famoso Lacrimosa :)

Doe Neocón dijo...

Lo siento, estoy contaminado: no puedo leer el nombre de Lenny el Bi! Bernstein sin que me asalte la imagen de Tom Wolfe...

Dick Turpin dijo...

jajaja cada loco con su tema...

efectivamente Doe N....tienes una mente contaminada... debe ser el cambio climático -que es el culpable de todo com obien se sabe-.

J. después del post anterior y este, efectivamente dentro de poco empezaré a decir que Ahmadineyad o el gran hombre del pelo cardado de Corea del Norte tienen unas manos bonitas y me quedaré tan a gusto...

Amaia, de acuerdo el Requiem de Mozart es canela fina... todito él. debo reconocer que aunque ahora internet facilita las cosas echo de menos los cds, dvds y los libros que dejé a kilometros de distancia... sí me mola el objeto en sí, si me pongo en plan Gollum/Smeagol con lo del tesoro...

Saludos,
DT

No sé si para la próxima castigaros con algo de reggaetton -Doe, eso sí que sería pura perversidad-, que es lo que por mi exilio más se da...

Amaia dijo...

Es que el objeto requiere un ritual. Esa es la magia que se pierde, la de los rituales.

Persio dijo...

Gracias por las recomendaciones

Un saludo

Dick Turpin dijo...

usted que las disfrute persio.

Amaia, cuanta razón tienes, los rituales cotidianos se pierden, por las prisas, por despistes, por miles de cosas y es una pena porque forman parte de la experiencia completa...

ir al cine, de pequeño con palomitas, era algo mágico y lleno de fascinación. Luego más tarde, dejas las palomitas pero la fascinación sigue... ahora con los teléfonos móviles, los adolescentes insufribles -¿fui yo alguna vez así?- y otras hierbas apetece tirar de dvd y dejar el cine en pantalla grande para otra ocasión.

O servirse una buena copa al final del día...