viernes, enero 12, 2007

Uno de Portero (actual) y otro de Bardají (clásico)

1º- Parece ser que Bush y sus neocons vuelven a la palestra con el nuevo plan presidencial para Iraq (The New Way Forward In Iraq... supongo que no habrá sido del gusto de la Comisión Baker-Hamilton que propuso The Iraq Study Group Report -aquí el pdf-).

Sobre las cosas de estos días versa el artículo que sigue:

Florentino Portero: ¡Malditos neocons!

2º- Este rebrote referencias a los neoconservadores en lo medios me ha recordado que hay un artículo -casi una hoja suelta- que se me había pasado "colgar", pero de hoy no pasa; ahí va:

Rafael L. BARDAJÍ, Ser Wolfowitz en España:
"No es fácil ser neoconservador en España. Aquí el término “neocon” se utiliza como un insulto o como una forma de descalificación y desprestigio. Y, sin embargo, mis amigos americanos como Bill Kristol bromean pensando que la España de José María Aznar es el paraíso “neocon” hecho realidad. Desconocen que en nuestro país política e ideología quedaron radicalmente separadas hace años y que si alguien pretende jugar con los valores por encima del pragmatismo ramplón, cuando más, se atreve a presentarse como liberal. Y es que afuera sólo llega la imagen de un presidente cuya política se basa en principios y no sólo en intereses estrechamente definidos, la de una persona firme y, como al mismo Aznar le gusta decir, seria. Y eso, aunque no se pueda contar abiertamente por estos lares, son características muy queridas de los neoconservadores norteamericanos.

Por razones obvias de nuestra cultura política ningún cargo arriesgaría su futuro reconociéndose públicamente como un “neocon”. Sería crucificado rápida e implacablemente por extremista, aventurero, militarista, desestabilizador y visionario. Pero para quienes sí pueden y quieren admitirlo porque no les va en ello su vida política, lejos de ver en esos calificativos algo que repudiar, entienden que vivimos en tiempos revolucionarios donde los cambios se pueden hacer para bien de todos sin tener que vivir atemorizados por ellos. Los cambios conllevan riesgos, pero también grandes oportunidades.

Encararlos apropiadamente. Y para ello, si la necesidad de contar con una acción exterior consensuada lleva a la parálisis, el consenso en política exterior deja de ser deseable. La historia no nos espera. Por tanto, si el Gobierno cuenta con los apoyos políticos y parlamentarios suficientes, debe asumir la responsabilidad de actuar. Así ha ocurrido con la crisis de Iraq, donde el presidente de Gobierno corrió importantes riesgos por cargar con lo que creía era su deber.

También es el desarrollo de una política exterior sustentada en claros principios y no exclusivamente en intereses. Al Gobierno se le critica por ir y estar en Iraq si con eso obtiene contratos para las empresas españolas, por interesado y egoísta, pero también si no los obtiene, por ser el tonto útil de otros países. La cultura del chalaneo y el acomodo fácil no puede entender la defensa de ciertos principios. La extensión de la democracia, como el sistema más adecuado para la realización de las personas y la paz internacional no es ya un capricho. En un mundo turbulento, en el que unos pocos individuos pueden causar daños catastróficos gracias al cruce de terrorismo y armas de destrucción de masas, el cambio de régimen a la democracia se vuelve un imperativo de la humanidad.

En tercer lugar, la democratización puede y debe hacerse por la fuerza, cuando las circunstancias así lo permitan o lo exijan. Saddam ha sido derrocado porque se negó a abandonar su ambición de dotarse de sistemas nucleares y otros. Pero nadie duda de que un Iraq democrático será un valor añadido de incalculable importancia para el futuro del mundo árabe y para sus relaciones con nosotros.

Con estos supuestos se puede entender por qué los “neocons” son vistos con preocupación tanto en la derecha, nada acostumbrada a otra cosa que no fuera la defensa del pasado, y en la izquierda, quien siempre se ha presentado como la detentadora del futuro y de la ética y que no puede admitir verse desbancada como supuesta fuerza motora del progreso y el bienestar sin distingos geográficos, religiosos o culturales.

España ha despertado como una nación que vuelve a jugar en el tablero internacional. Los “neocons” españoles, que los hay, han sido tal vez los únicos capaces de presentar un curso de acción coherente para las circunstancias del momento. Esas circunstancias eran especiales y seguro que no se repetirán en mucho tiempo, y los “neocons” tendrán que abandonar ese paraíso con el que bromean mis amigos. Ellos, cuando Bush sea reelegido, no."
(Publicado en La Vanguardia, el 26 de noviembre de 2003).

Dedicado a Chema del Neoconomicón, a otros neocons -y amigos- online, a Ramón Pérez-Maura y a todos aquellos que tienen la curiosidad necesaria -por ejemplo los admirables Juan Pedro Quiñonero y Gregorio Luri- para no dejarse arrastrar por las grotescas bufonadas con las que los que no saben de lo que hablan -ni quieren saber, of course, que no por otra cosa les calificamos de "impermeables"- sientan cátedra.

2 comentarios:

Whitard dijo...

Me parece curiosa la caza de brujas neocon que tanto se da últimamente en algunos medios. En un número de Archipiélago del 2006 que me encontré en una biblioteca, dedicaban todo el número a descalificar contra los neocons (¿Finkielkraut lo es?), la gran amenaza para el planeta.

Puede que detrás de todo este ruido, más que la enésima recreación del tópico antinorteamericano, planee la posible victoria de Sarkozy en Francia. ¿Un neocón (así lo bautizó El Pais ayer) en el Elíseo? ¡Insurrección, compañeros!

Dick Turpin dijo...

Neocon en lo político se ha convertido en un insulto... pero eso no es de ayer, ya ves que el artículo de bardají era de 2003. Antes la forma de señalar a alguien y ponerle la letra escarlata era llamarle "neoliberal" con todo ese tufo despectivo que pueden gastar los "prisaicos", ahora los neoliberales no merecen el desprecio y la etiqueta perversa es la de "neocon"...

Cada vez que los habituales -tipo Enric Sopena- creen que los neocons ya han sido derrotados éstos vuelven a la carga y entonces a lso progres se le spone cara de espanto y vuelven a repetir su galeria de tópicos. En EE.UU. como el buen JPQ señala habitualmente en su blog los debates en las universidades y medios intelectuales sobre los asuntos "neocons" son mucho más interesantes y con contenidos que trascienden a la coyuntura política...

Y por supuesto los críticos típicos de la cosa sueltan lo de "neocon" a diestro y siniestro sin menor atención a la realidad que define o a quien le cuelgan la etiqueta (Sarkozy, Blair, Bush, Rumsfeld, Arsenio Lupin o a quien se les ocurra), o sea que es un insulto gratuito y vacío, una palabra comodín como en tantas ocasiones "facha". ¿ASí que a Sarkozy le han colocado la etiqueta? vaya, vaya, si el País quiere destrozar su imagen -ante su público progre- sólo le queda añadir que es "amigo de Aznar y/o Bush", anatema...

Un saludo,
DT