viernes, noviembre 03, 2006

El cine español y yo. Previo a Alatriste

Mi opinión sobre el cine español, que oscila entre las expresadas por Arturo Pérez-Reverte y Fidel Vladimir el Exégeta, hace tiempo que me llevó a no ir a las salas a ver películas patrias. Pero con Alatriste he hecho una excepción.


Primero describiré en general mis recelos hacia el cine nacional y más adelante -futuro post- hablaré de la adaptación a pantalla grande de las novelas del académico cartagenero (joer, qué cutre la parte de la web de la RAE dedicada a los académicos... luego se quejan de que el español en Internet no encuentra su sitio; con ese ejemplo no me extraña).

Mis principales censuras a la cinematografía de aquí, como tan pomposamente dicen los del gremio, se concentran en la cuestión de la producción, aunque también tengo reparos formales (mucha chapuza se exhibe sin rubor ni autocrítica) y temáticos (fundamentalmente se trata de una cinematografía "sobreideologizada" que provoca distanciamiento y poca identificación con las historias que narra, a pesar de la insistencia en la condición de "nuestro" de sus contenidos en estúpida contraposición a los films de Spielberg, Scorsese, Tavernier y demás intrusos). Tampoco siento mucha simpatía por un sector tan gremial y uniforme en sus opiniones. Es algo tan inconcebible en cualquier otro grupo profesional que me produce cierta inquietud.


Entrando en materia, en España las películas tienen derecho a subvención del Ministerio de Cultura. La subvención cubre un 30% del presupuesto total del proyecto.

Pero ¿alguien sabe cuáles son los criterios para otorgar esa subvención? Pues no. En España se producen cada año más de cien películas. Demasiadas ¿no? Si la subvención es inevitable -cosa de la que me tendrían que convencer-, habría que fijar un cupo máximo de películas subvencionables. Pongamos, qué sé yo, ¿30?, y la concesión de la subvención sujeta a criterios concretos (facilitar la realización de la primera película de un director, ayuda a los directores más veteranos, documentales y, en algún caso, cine de “arte y ensayo”).


De esas más de cien películas la mayoría es cine de autor bastante plúmbeo (véase Julio Medem y tantos otros "creadores conceptuales con un poderoso universo personal") u obras que, por lo casposo, hacen del landismo cine de qualité (les suena Torrente ¿verdad?) o cine adolescente como Tuno Negro o El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo . No hay cuerpo que aguante tantas películas “intelectualoides” ni tanta caspa ni tanto adolescente desneuronado. Ni el ciudadano español más voluntarioso -y heroico- tiene cuerpo para tragarse tantas "joyas".

Para justificar las limitaciones de originalidad y talento y las deficiencias técnicas, los profesionales del sector suelen alegar que por sus medios materiales limitados -tan mal lo pintan que parecen paupérrimos- no se les puede exigir lo mismo que a los americanos (burda manera de evitar la competencia, completado con las exigencias para establecer cuotas de pantalla y demás prácticas proteccionistas).

¿Esa es su coartada? Quizás en España no hay capacidad para sacar adelante El señor de los Anillos pero, entre películas a lo Almodóvar (digo “a lo Almodóvar”) y Matrix, hay lugar para películas buenas, de género y que pueden enganchar con el público. Pienso en películas como La Caja 507, las de Amenábar y algunas otras. Digno cine comercial y de entretenimiento que debe regirse exclusivamente por las reglas del mercado. Alatriste es la oportunidad pintiparada para romper con esa excusa facilona de acomplejados y, ya puestos, para mirar nuestra Historia, más allá de la Guerra Civil, como materia prima para "nuestro" cine.


Volviendo a la producción, las televisiones están obligadas por la ley a dar una parte de sus presupuestos para la producción cinematográfica nacional. Intervencionismo con un par. A las empresas privadas se les obliga a invertir su dinerito en cine, cosa que debería quedar al arbitrio de sus accionistas. Y a las televisiones públicas, pagadas a cuenta del Erario y aquejadas de déficits galopantes, se les fuerza a gastar más. Por favor, cada cosa a su tiempo, primero frenen la sangría televisiva.

Un efecto pernicioso de la omnipresencia de "papa Estado" en este sector -como en otros- ha sido causar la desaparición de los inversores privados. ¿Por qué va a invertir nadie si el Estado corre con el riesgo? No sé si las películas que obtienen beneficios devuelven parte igual o proporcional a la subvención al Ministerio de Cultura. Si alguien lo sabe agradeceré la información. Así montada la cosa los emprendedores, que alguno hay, desaparecen y proliferan los “espabilaos”.

Sufrido lector, te preguntarás a estas alturas qué hace un productor español. ¿Enigmático, eh? Pues se encarga de presentar un proyecto subvencionable (por el Ministerio, por las Comunidades y por cualquier instancia oficial que se cruce en su camino), de movilizar los recursos (acudir a un banco y pedir un crédito avalado con la subvención), quizá, cubrir una parte del presupuesto total de la película y contratar a los trabajadores. Una buena agenda y morro son instrumentos imprescindibles en el devenir profesional del productor español. El talento y espíritu empresarial no son imprescindibles. ¿No sería mejor estimular la participación de particulares en la producción (leyes de mecenazgo, exenciones fiscales o así) que fiarlo todo a las arcas públicas? Ah, pero tirar con pólvora del rey es tan goloso.

Este sistema genera bastante desprecio hacia el espectador, porque, en realidad, que el público vaya a ver la película es lo de menos. A los cineastas les basta con sacar adelante el proyecto para darse por satisfechos (la subvención, la aportación de las televisiones y la futura comercialización en video y televisión pueden ser suficientes para que todo el mundo cobre).
Muestra de ese desprecio la vemos cuando una película no tiene éxito; invariablemente los responsables dicen "que son unos incomprendidos", que el público, tonto perdido, va en manada a las salas sólo por la de publicidad que gastan los americanos y así no hay quien pueda. Además decir eso luce mucho, el “geniecillo” de turno se presenta en el "mundillo" como un autor maldito, con un estilo poético singular. En realidad, lo que ha hecho el talentudo creador es faltar al respeto a los esforzados contribuyentes que pagan el cine en taquilla, por impuestos y cómo haga falta. Las gentes de nuestro cine tienden a tratarnos como memos que necesitamos que ellos, "gentes de la cultura", nos iluminen con su inteligencia.

Todo lo anterior me ha llevado a comprender que, aún a mi pesar, soy productor de cine y, sin embargo, no tengo control sobre esa actividad; quiero decidir o saber cómo se decide; quiero que se repartan los beneficios o las pérdidas; quiero desgravaciones fiscales y que rebajen el precio de las entradas y, ya puestos, votar en los Premios Goya y que me inviten a los preestrenos.

Otra cosa sería que en la Declaración de la Renta hubiera una casilla para que cada cual decidiese si quiere pagar el cine patrio. Y aún, como soy generoso, doy otra posibilidad: gustoso agradecería que alguno de los miembros de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, tan locuaces sobre cosas muy alejadas de su negociado, me explicase por qué ese dinero, que tan generosa y desinteresadamente les damos, es imprescindible. Y si en el proceso me convenciera, quién sabe.

4 comentarios:

Clausius dijo...

A mí me gustó Alatriste. Es increíble que con toda la Historia que tenemos, apenas salgan películas españolas que traten esos temas. Más quisieran los americanos poder tener tanto material.

Me gustan también las de Garci, recrean muy bien la vida en España en el siglo pasado, así es como éramos.

Saludillos.

Dwight dijo...

Querido Dick, he conocido de cerca, mucho más de lo que yo quisiera, el mundo del cine español. Dejando aparte lo variopinto de la fauna "cinera", desde el director hasta el último auxiliar contable, que por sí sola daría para un tratado, cabe destacar un hecho: las productoras no realizan un película hasta que no cubren costes.
Dicho de otra manera: el cine español es rentable para los productores SIEMPRE, porque tú y yo pagamos la subvención que les permite tener un RIESGO CERO. ¡Ya les gustaría a muchos pequeños empresarios tener sus costes cubiertos por la subvención! Es vergonzoso, sí. Pero se basan en que "son cultura". ¡JA! ¿Has visto la ópera prima de Liberto Rabal como director? Creo que en el cine la vieron unas 150 personas. Y era mala de solemnidad.
Creo que debería haber una oposición a actor o, mejor, a "cinero". A lo mejor nos acababa resultando más económico...

Rojo a tope dijo...

Hola Dick
No tengo mucho acceso al cine español pero lo que he tenido oportunidad de ver ultimamente el excelente. "Volver" y "Electroshock". Creo que esto te hace un gran productor. Ja Ja

Dick Turpin dijo...

Hola a todos.

Clausius, en cuanto pueda me pongo con lo de Alatriste, pero anticipo que tras una primera impresión decepcinoante, unsegundo vistazo me permitió apreciar bastante la película. Y tienes razón con la Historia que tenemos a nuestra espalda no aprovecharla es delito... pero claro para eso habría que saber Historia y eso no sobra entre nuestros "cineros". Creo recordar que fue en "Juana la loca" no mostraron el Yugo y las flechas que había en alguno de lso lugares de rodaje alegando que ¡¡¡¡¡¡eran símbolos franquistas!!!!!! Ahora ya estoy tanquilo, los Reyes Católicos desemascarados como los franquistas que eran allá a finales del siglo XV.

Y Dwight, efectivamente, los productores españoles tras alcanzar su subvención del Ministerio de Cultura y de las Administraciones Autonómicas y de las televisiones van al banco y piden un crédito -que avalan con los dineros obtenidos previamente-... y con eso pueden cubrir un muy amplio % del presupuesto de la película... con eso y la futura comercialización de video, pues adelante, no es necesario poner un solo billete del bolsillo -o poner una muy mínima parte- para que ela pel´ciual se realice. Una lástima.

Bienvenido Rojo a tope, me alegra que al menos alguien disfrute de mi tarea como productor.