lunes, noviembre 27, 2006

Otra carencia en el panorama periodístico español

La semana pasada, un día cualquiera que no recuerdo, cuando bajé a comprar la prensa del día me asaltó una irrefrenable necesidad por comprar alguna revista española del tipo The Economist, Le Point o The Weekly Standard, pero no, mi gozo en un pozo, no hay nada que se les parezca en el quiosco.

Ni La Clave, ni Tiempo (Gregorio Peces-Barba, José Oneto y Jesús Mariñas en la misma revista, tres de mis "favoritos"; ahora me pregunto cómo he podido vivir sin leerla) ni Época me llaman. Las editoriales que apuestan por ellas y la gente que trabaja allí hacen un esfuerzo encomiable y muy digno de admiración pero no basta. Mirándolas me parecen versiones de Interviú. Todas parecen ancladas -por grafismo, estilo, etc.- allá por los años 80 del siglo pasado (para ser justos diremos que La Clave anuncia cambios; esperemos que sean para bien pero mira que lo dudo). Puuff, vaya panorama. Así no es posible.

En fin, enorme ausencia de revistas de actualidad generalistas de interés... otra carencia en la prensa española.

Pero no todo es horrible, hay una revista un poquillo más especializada en temas de relaciones internacionales, economía, seguridad y tecnología, Estrategia Global, que no está mal. Recomendable por sus contenidos y porque no hay ninguna otra de ese tipo en España. Fallan algunas cosas -como esa web triste a más no poder, que hace dudar si la revista todavía resiste o si ha cerrado- pero están en el buen camino.

3 cosas de blogs

Tras un ataque de pereza y de problemas técnicos, vuelvo a la pugna... hasta el próximo problema técnico o ataque de pereza -lo que llegue primero-.

1º- Algunos datos. Supongo que mea culpa

2º- El manifiesto del mal blogger. No lo firmo pero lo enlazo -vía Hesperidae-. ¿Mea culpa?

3º- Irresistible profundidad intelectual y científica del egregio personaje; certero en su análisis, vive el cielo. Si lo dice Bruno C. nada se puede objetar. Por supuesto, mea culpa.


Ah, muchas gracias Chema.

domingo, noviembre 26, 2006

Aznar versus Zapatero (Alfonso Rojo)

Tras la muy "exitosa" promoción y propaganda de mister ZP, vía nuestra política exterior, a costa de la credibilidad de la nación, muy acertada la columna de este jueves pasado de Alfonso Rojo en el ABC

"Aznar versus Zapatero
Por Alfonso Rojo

Entre los políticos que triunfan, los hay de dos tipos. Uno, es el sujeto habilidoso, con sentido de la coyuntura, que adivina cómo respira la ciudadanía y sabe subirse a la ola. El segundo, mucho más escaso, es ese personaje convencido de que sabe lo que hay que hacer y trata de aplicarlo contra viento y marea. Unas veces hasta estrellarse y otras, raras, hasta entusiasmar a las masas.

De esta segunda variedad, a la que pertenecen gigantes como John Kennedy o Margaret Thatcher, no hemos tenido mucho en España. Ni antes ni ahora.

De la primera, sí. El propio Zapatero podría estar en la lista. No hay una sola de las «grandes decisiones» adoptadas por el presidente del Gobierno durante los dos años y medio que lleva en La Moncloa -desde la precipitada retirada de las tropas de Irak, hasta el anuncio de un improvisado plan de paz para Oriente Próximo-, que no haya estado determinada por el ansia de encandilar a ese sector progre del electorado que acudió en tropel a las urnas el 14-M y permitió el vuelco.

Hace un par de días, ya tarde y en ese estado de amodorramiento que hay entre la vigilia y el sueño, vi en televisión un debate sobre la política exterior española. La polémica era de altura. Participaban personajes como Josep Piqué, Trinidad Jiménez, Hermann Tertsch, Eduardo Sotillos y Miguel Ángel Aguilar. Como ocurre siempre que hay partidarios del Gobierno en una tertulia, salio a la palestra la famosa foto de las Azores.

Aunque en la imagen estuvieran el primer ministro de nuestro más entrañable vecino, el líder europeo más brillante del momento y el presidente de nuestro más poderoso aliado, siempre he pensado que fue algo desproporcionado. Para jugar en primera división de la escena internacional, hay que contar con el respaldo de unas Fuerzas Armadas de primera y España no las tenía ni las tiene. Dicho esto y aunque no pasará a la historia como un Churchill o un Roosevelt, en honor de Aznar hay que subrayar que hizo lo que creía que debía hacerse. No se dedicó a olfatear a la multitud."


Una pena que Rodríguez Zapatero actúe como si fuera candidato y no Presidente de Gobierno de España.

viernes, noviembre 03, 2006

El cine español y yo. Previo a Alatriste

Mi opinión sobre el cine español, que oscila entre las expresadas por Arturo Pérez-Reverte y Fidel Vladimir el Exégeta, hace tiempo que me llevó a no ir a las salas a ver películas patrias. Pero con Alatriste he hecho una excepción.


Primero describiré en general mis recelos hacia el cine nacional y más adelante -futuro post- hablaré de la adaptación a pantalla grande de las novelas del académico cartagenero (joer, qué cutre la parte de la web de la RAE dedicada a los académicos... luego se quejan de que el español en Internet no encuentra su sitio; con ese ejemplo no me extraña).

Mis principales censuras a la cinematografía de aquí, como tan pomposamente dicen los del gremio, se concentran en la cuestión de la producción, aunque también tengo reparos formales (mucha chapuza se exhibe sin rubor ni autocrítica) y temáticos (fundamentalmente se trata de una cinematografía "sobreideologizada" que provoca distanciamiento y poca identificación con las historias que narra, a pesar de la insistencia en la condición de "nuestro" de sus contenidos en estúpida contraposición a los films de Spielberg, Scorsese, Tavernier y demás intrusos). Tampoco siento mucha simpatía por un sector tan gremial y uniforme en sus opiniones. Es algo tan inconcebible en cualquier otro grupo profesional que me produce cierta inquietud.


Entrando en materia, en España las películas tienen derecho a subvención del Ministerio de Cultura. La subvención cubre un 30% del presupuesto total del proyecto.

Pero ¿alguien sabe cuáles son los criterios para otorgar esa subvención? Pues no. En España se producen cada año más de cien películas. Demasiadas ¿no? Si la subvención es inevitable -cosa de la que me tendrían que convencer-, habría que fijar un cupo máximo de películas subvencionables. Pongamos, qué sé yo, ¿30?, y la concesión de la subvención sujeta a criterios concretos (facilitar la realización de la primera película de un director, ayuda a los directores más veteranos, documentales y, en algún caso, cine de “arte y ensayo”).


De esas más de cien películas la mayoría es cine de autor bastante plúmbeo (véase Julio Medem y tantos otros "creadores conceptuales con un poderoso universo personal") u obras que, por lo casposo, hacen del landismo cine de qualité (les suena Torrente ¿verdad?) o cine adolescente como Tuno Negro o El asombroso mundo de Borjamari y Pocholo . No hay cuerpo que aguante tantas películas “intelectualoides” ni tanta caspa ni tanto adolescente desneuronado. Ni el ciudadano español más voluntarioso -y heroico- tiene cuerpo para tragarse tantas "joyas".

Para justificar las limitaciones de originalidad y talento y las deficiencias técnicas, los profesionales del sector suelen alegar que por sus medios materiales limitados -tan mal lo pintan que parecen paupérrimos- no se les puede exigir lo mismo que a los americanos (burda manera de evitar la competencia, completado con las exigencias para establecer cuotas de pantalla y demás prácticas proteccionistas).

¿Esa es su coartada? Quizás en España no hay capacidad para sacar adelante El señor de los Anillos pero, entre películas a lo Almodóvar (digo “a lo Almodóvar”) y Matrix, hay lugar para películas buenas, de género y que pueden enganchar con el público. Pienso en películas como La Caja 507, las de Amenábar y algunas otras. Digno cine comercial y de entretenimiento que debe regirse exclusivamente por las reglas del mercado. Alatriste es la oportunidad pintiparada para romper con esa excusa facilona de acomplejados y, ya puestos, para mirar nuestra Historia, más allá de la Guerra Civil, como materia prima para "nuestro" cine.


Volviendo a la producción, las televisiones están obligadas por la ley a dar una parte de sus presupuestos para la producción cinematográfica nacional. Intervencionismo con un par. A las empresas privadas se les obliga a invertir su dinerito en cine, cosa que debería quedar al arbitrio de sus accionistas. Y a las televisiones públicas, pagadas a cuenta del Erario y aquejadas de déficits galopantes, se les fuerza a gastar más. Por favor, cada cosa a su tiempo, primero frenen la sangría televisiva.

Un efecto pernicioso de la omnipresencia de "papa Estado" en este sector -como en otros- ha sido causar la desaparición de los inversores privados. ¿Por qué va a invertir nadie si el Estado corre con el riesgo? No sé si las películas que obtienen beneficios devuelven parte igual o proporcional a la subvención al Ministerio de Cultura. Si alguien lo sabe agradeceré la información. Así montada la cosa los emprendedores, que alguno hay, desaparecen y proliferan los “espabilaos”.

Sufrido lector, te preguntarás a estas alturas qué hace un productor español. ¿Enigmático, eh? Pues se encarga de presentar un proyecto subvencionable (por el Ministerio, por las Comunidades y por cualquier instancia oficial que se cruce en su camino), de movilizar los recursos (acudir a un banco y pedir un crédito avalado con la subvención), quizá, cubrir una parte del presupuesto total de la película y contratar a los trabajadores. Una buena agenda y morro son instrumentos imprescindibles en el devenir profesional del productor español. El talento y espíritu empresarial no son imprescindibles. ¿No sería mejor estimular la participación de particulares en la producción (leyes de mecenazgo, exenciones fiscales o así) que fiarlo todo a las arcas públicas? Ah, pero tirar con pólvora del rey es tan goloso.

Este sistema genera bastante desprecio hacia el espectador, porque, en realidad, que el público vaya a ver la película es lo de menos. A los cineastas les basta con sacar adelante el proyecto para darse por satisfechos (la subvención, la aportación de las televisiones y la futura comercialización en video y televisión pueden ser suficientes para que todo el mundo cobre).
Muestra de ese desprecio la vemos cuando una película no tiene éxito; invariablemente los responsables dicen "que son unos incomprendidos", que el público, tonto perdido, va en manada a las salas sólo por la de publicidad que gastan los americanos y así no hay quien pueda. Además decir eso luce mucho, el “geniecillo” de turno se presenta en el "mundillo" como un autor maldito, con un estilo poético singular. En realidad, lo que ha hecho el talentudo creador es faltar al respeto a los esforzados contribuyentes que pagan el cine en taquilla, por impuestos y cómo haga falta. Las gentes de nuestro cine tienden a tratarnos como memos que necesitamos que ellos, "gentes de la cultura", nos iluminen con su inteligencia.

Todo lo anterior me ha llevado a comprender que, aún a mi pesar, soy productor de cine y, sin embargo, no tengo control sobre esa actividad; quiero decidir o saber cómo se decide; quiero que se repartan los beneficios o las pérdidas; quiero desgravaciones fiscales y que rebajen el precio de las entradas y, ya puestos, votar en los Premios Goya y que me inviten a los preestrenos.

Otra cosa sería que en la Declaración de la Renta hubiera una casilla para que cada cual decidiese si quiere pagar el cine patrio. Y aún, como soy generoso, doy otra posibilidad: gustoso agradecería que alguno de los miembros de la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, tan locuaces sobre cosas muy alejadas de su negociado, me explicase por qué ese dinero, que tan generosa y desinteresadamente les damos, es imprescindible. Y si en el proceso me convenciera, quién sabe.

miércoles, noviembre 01, 2006

Enfoque, Fernando Moraleda y la desmemoria

El jueves pasado vi un debate en La2. Hasta ahora lo he estado digiriendo. Lo cogí empezado aunque creo que ví lo suficiente. Se trata del programa Enfoque, moderado y dirigido por Elena Sánchez, en él, Gabriel Elorriaga y Fernando Moraleda, flanqueados por Ignacio Camacho y Soledad Gallego-Díaz, hablaban sobre eso tan impreciso de "la crispación" política.

El tono por no caer en aquéllo que se denunciaba fue muy moderado, quizá hasta sosete, pero peores cosas hemos visto.

La sorpresa por alguna de las cosas oídas hizo que aguantase hasta el final sin pasar a Sin rastro que va a la misma hora en Antena3. Os enumero lo que me pareció más llamativo:

1º- Repetidas y oscuras alusiones a medios de comunicación sin representación en la mesa, o sea El Mundo y la COPE, trufaron el programa. Transparentes menciones sin dar nombres, directas referencias indirectas asequibles sin necesidad de ser doctor en Semiótica por Harvard. Si todos iban a estar de acuerdo en que la crispación proviene de esos focos "infecciosos" hubiera sido deseable alguna representación de los aludidos ¿no? Por fomentar el debate, digo.

2º- Las participaciones de I. Camacho me dejaron la sensación de que está en buena forma en su crítica al gobierno. Parece cómodo desde que dejó la dirección del ABC. Los problemas llevan una temporada en la mesa de Zarzalejos.

3º- Nunca había visto en acción a Moraleda hasta el jueves pasado y, visto lo visto, me deja una impresión negativa. Demasiado pagado de si mismo, demasiado convencido de su superioridad moral. Su estilo, autoritario a la par que fullero, quedó bastante patente.
El ejemplo palmario de lo que digo se produjo avanzando ya el programa; a respuesta de alguien del público, que afirmaba que el comportamiento de los políticos desagrada a la ciudadanía y eso les pasará factura, Moraleda afirmó que, efectivamente, los ciudadanos comprenden lo que está pasando y éso lo pagará el PP. ¡¡¡Caramba, caramba!!! ¿El gobierno no es parte de la "clase política" o qué? ¿El PSOE -aunque no sólo el PSOE- no tiene arte ni parte en el jaleo?
Un magnífico representante del pensamiento único; que es único no porque sea cierto sino porque ni llegar a otras conclusiones dejan. Joer.

4º- Elorriaga y Camacho fueron incapaces de establecer cuál es el origen de la tensión política actual. No pudieron, no supieron o no les dejaron. Cuando Elorriaga intentó decir que la crispación presente ni es tanta ni tan grave como ha sido en otros momentos, que actualmente se magnifica -con fines partidarios- la tensión Gobierno-Oposición y que es una realidad presente en nuestra vida política desde la misma Transición, recordando por ejemplo los meses alrededor del 23-F, Moraleda le cortó y no dejó concluir su argumentación.
El encargado de la comunicación gubernamental dijo que era falso sostener que la supuesta crispación de entonces tuviera que ver, justificara o explicara el intento de golpe de Estado.

Era evidente que Elorriaga no estaba diciendo eso ni nada parecido, pero la interrupción tuvo su efecto, relegando la interesante cuestión al olvido.

Porque la crispación no empezó ayer. Qué va. Crispación ha habido mucha, tanta que casi se puede decir que, lamentablemente, es moneda común en la política española.

Por no remontarnos mucho -que se podría-, decidme si no estaban cargadas de crispación las manifestaciones de la oposición parlamentaria y grupos afines contra el Gobierno de Aznar. Por el Prestige, Iraq o por lo que fuera cualquier muestra de encono antigubernamental era aceptable y jaleada por algunos medios de comunicación -que sí estaba representado en el debate-.

Decidme si no había una clarísima crispación en los modos -muy ajenos a lo que el Parlamento debería representar- de la otrora oposición en las sesiones del pleno del Congreso en a recta final de la anterior legislatura. ¿No era aquéllo una estrategia de crispación?

¿No fueron acosadas sedes del PP por toda España? ¿Qué trato recibieron los interventores del Partido Popular en muchos colegios electorales el 14 de Marzo de los simpatizantes de PSOE, IU, etc.? ¿Qué escena vimos cuando José María Aznar y Ana Botella fueron a votar aquel mismo día? ¿No denunciaron Pedro Almodóvar y Monserrat Tura oscuras conjuras que nunca probaron y que se demostraron más falsas que un diamante de regaliz? ¿No dijeron Pepe Blanco y Rafael Simancas que tenían pruebas de sobornos para que el PSOE no gobernase la Comunidad de Madrid? ¿Por qué nunca las presentaron?

¿Dignos ejemplos de una democracia modélica? ¿Muestra de incomparable respeto a las instituciones? Me temo que no. Además, contra todo lo que se podía esperar de un líder político que aspirase a tal, Rodríguez Zapatero, que lleva a gala todo aquello de lo que carece, no condenó ninguna de esas exquisitas muestras de "civismo". Demostración de su talante, supongo.

En otros países con más tradición nada de aquéllo hubiera ocurrido. Cada cual hubiera votado lo que le hubiese venido en gana. Se hubiera respetado el día de reflexión. Sin necesidad de insultar ni de intimidar. Incluso, de haberse producido cualquier altercado, todos los partidos políticos los hubieran condenado sin paliativos. Aquí, sin embargo, nos inflamos a oír declaraciones del tipo "sí, pero...", que no manifiestan repulsa sino que justifican.

En fin, basta por hoy. Supongo que volveré sobre estas cosas. Queda escrito.

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ACTUALIZACIÓN (3 de noviembre): Clausius desde Curiosidades de nuestro curioso mundo ya había señalado las "actitudes" y el potencial de Moraleda, ese señor tan simpático.