Apuntes y paradojas de los críticos
Para empezar: ¿merece la consideración de "neo" el neoconservadurismo? Personalmente a estas alturas de la película no estoy convencido de ello. El neoconservadurismo, a pesar de lo que muchos quieren vender, no es una fractura en las tradiciones sociales y políticas estadounidenses; no hay esa dicotomía radical entre Cambio y Tradición o entre Ruptura y Continuismo tan del gusto de los opinólogos al uso. Muy al contrario, los neoconservadores llevan a gala "descender" de algunas tradiciones sólidamente acrisoladas en la vida norteamericana. La aportación neoconservadora reside en la adaptación a la coyuntura de la Posguerra Fría. Parte del objetivo de estas entregas será desentrañar las dosis de elementos nuevos y viejos en la "fórmula".
Insistiré en esta primera idea, diciendo que la denominación neoconservador/neoconservadurismo lleva presente en la política norteamericana desde finales de los años sesenta y principios de los setenta; realmente no parece muy "neo" ¿no? Que muchos opinantes y académicos a este lado del Atlántico no tuvieran noticia de ello hasta hace bien poco demuestra la crisis europea de pensamiento y lo descolgados que nos estamos quedando en muchas cosas.
El salto a la fama de los neocons ha sido muy reciente. Ni siquiera durante los primeros meses del primer mandato de George W. Bush tenían gran peso; sólo tras el 11 de septiembre de 2001 el grupo ha sido aupado a la primera plana -política y mediática-. En la prensa han venido a cubrir el lugar reservado antes para los neoliberales.
Paradójico cambio éste de neoliberales por neoconservadores en los medios del estilo Le Monde Diplomatique. Ambos "neos" han sido presentados como perversas sectas de conspiradores más cercanos al universo made in Bruno Cardeñosa and friends que a lo que uno podría esperar de medios supuestamente serios.
Paradójico, he escrito, porque los mismos que criticaban la actuación de los neoliberales en los foros multilaterales y critican igual a los neocons por todo lo contrario.
No hay que remontarse mucho para recordar a quienes decían que el Poder de Estados Unidos era tanto que nadie podía resistirse y que el multilateralismo era un medio para barnizar con legitimidad -bastarda, claro- al neoliberalismo rampante. Salvaje, cruel, inhumano, desaforado, el neoliberalismo era -y es- el Maligno, decían -y dicen- los profundamente maniqueos amigos de José Bové, y la Globalización su terrible criatura.
El Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial, incluso la ONU, eran sospechosos de servir a los "secretos" intereses de las grandes corporaciones y de los Estados Unidos. La asimetría de Poder era tal que convertía cualquier foro en títere de los pérfidos EE.UU (repasad el Manifiesto Paremos la Guerra contra Iraq, adjunto en pdf). Los organismos internacionales no valían, según la voz de los medios, porque eran rehenes de la hiperpotencia. El pecado de entonces era el multilateralismo estadounidense.
Ahora, en uno de esos giros tan característicos del antiamericanismo más desprejuiciado, se reprocha a los neoconservadores desarrollar su actuación política al margen de las instituciones internacionales -otra "pequeña" falacia que cuaja en las almas cándidas-. Estamos en el momento de escuchar que los organismos multilaterales, opuestos a los designios de los yanquis, pierden su efectividad -y su capacidad de obrar- porque los EE.UU. optan por la vía del cowboy para ser los amos del mundo. La nueva afrenta a la comunidad de países es el unilateralismo estadounidense.
Supongo que será mucho pedir a los críticos un poco más de seriedad y honestidad ¿no?
Los críticos obvian -interesadamente- algo que no hay que ser un lince para notar: que el contexto mundial ya no es el mismo que fue a principios de los años 90, que del mundo del Fin de la Historia hemos pasado al del Choque de Civilizaciones, que de la primacía de lo económico hemos vuelto a las preocupaciones militares y de seguridad en la agenda internacional, que de un mundo en creciente coordinación -por obra y gracia de la salvaje Globalización y del Nuevo Orden Mundial- hemos pasado a una situación de desorden, caos e inseguridad. ¿Por obra de los islamofascistas? No, como todo amigo de la teoría de la conspiración sabe, fué por culpa de los neoconservadores.

Que aquellos cambios se reflejasen en las políticas de EE.UU. parece lógico, sobre todo, si tenemos presente el 11 de septiembre de 2001. Las respuestas de poder y fuerza militar ante un nuevo desafío son comprensibles y algo que todos podíamos esperar.
La crítica a las propuestas de la neoconservadora Administración estadounidense desde aquel momento decisivo ha sido de lo más variada. Alguna razonable, otra absurda.
Por ejemplo, no son pocos los que hablan de inadecuación de la Guerra contra el Terrorismo a las amenazas actuales. Los grupos terroristas no pueden ser tratados como los Estados y la respuesta militar no puede lograr la victoria.
O sea, la respuesta militar no es la respuesta. El planteamiento neoconservador está equivocado. Pero, si seguimos el hilo, lo que falla es la vertiente tradicional de la estrategia y no la nueva. Se podría entonces deducir que el error de la actual Administración norteamericana es no hacer suficiente caso a los “revolucionarios” neoconservadores y seguir atada a procedimientos clásicos ¿no?
Con este amplio preámbulo he querido señalar que por estos pagos apenas hay información o reflexión sobre el neconservadurismo dignas de tales nombres (Gregorio Luri, la editorial Almuzara, JPQ y el GEES son de los pocos que muestran interés en la materia). Y los déficits de conocimiento se pagan. En Europa -y más en España- hemos incurrido en errores de bulto al tratar el fenómeno neocon. Los diagnósticos realizados desde los partidos políticos, deslumbrados por el electoralismo a corto plazo, han olvidado cuestiones básicas del ideario neoconservador muy relevantes para saber con quién tratamos -y actuar en consecuencia-; los medios de información de masas han tomado el todo por la parte afirmando, sin rubor alguno, que la Administración Bush -toda ella y enterita- es neoconservadora. No es cierto pero decirlo es gratis. Sobre ello volveré en alguna futura entrega de este serial.
En fin, por lo dicho hasta el momento queda claro que los principales problemas del acercamiento al neoconservadurismo son la desinformación y los prejuicios. Para evitar tópicos y absurdos como alguno de los expuestos hasta ahora escribiré los futuros posts sobre los Neoconservadores, esos perversos desconocidos.
Fin del episodio piloto.
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ACTUALIZACIÓN (2 de noviembre): Como estoy mal de memoria, había olvidado decir que hay un foro de discusión sobre el neconservadurismo y sus cosas. Mala cabeza tengo, rediós.

6 comentarios:
Interesante, seguiremos leyendo.
Saludillos.
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