martes, octubre 03, 2006

Con Irán al fondo

"La guerra del Líbano es nuestra guerra también. Porque Israel la está librando por su interés de supervivencia –que no es poco- pero contra un enemigo que nosotros compartimos, el extremismo islamista con Irán al fondo." (Rafael L. BARDAJÍ, La gran lección que nos da Israel)


La enésima crisis en Oriente Medio ha pasado. Hasta la próxima. A través de los días y de las noticias muchas sombras amenazantes quedan flotando en el aire.

Hamás y Hizbolá, animados por sus patronos sirios e iraníes, atacaron a Israel en sus fronteras, secuestrando y matando. Olmert respondió con legítimo casus belli.

Además de los combatientes que ocuparon el primer plano de la escena, dos actores permanecieron al fondo calibrando lo que ocurría sobre el terreno; Estados Unidos e Irán. Los dos han sacado sus conclusiones de lo ocurrido y han probado la eficacia de sus respectivos armamentos y estrategias.

Para el primero se trataría de un ensayo general para una futurible acción contra el régimen de los Ayatolás.

Para los segundos, otra operación para ganar tiempo y desviar la atención de su programa nuclear. Como lo de las caricaturas de Mahoma, técnicas de dilación en pos de un objetivo: la Bomba.

La hegemonía regional -sobre ésto os hablaré con algo más de detalle en cuanto pueda-, el liderazgo entre los países musulmanes y un "as" contra cualquier invasión (una baza que Corea del Norte ha demostrado como explotar) son los objetivos estratégicos del proyecto iraní.


El papel de Hizbolá está claro, funciona como un Estado dentro del Líbano y no responde a las necesidades de los libaneses ni al gobierno -del que forma parte, aunque sin implicación real en las reformas necesarias en el país-, simplemente actúa a las órdenes de sus patrocinadores.

Irán aprovecha estas organizaciones en la región para garantizar su seguridad, establecer un sistema de marcas en su frontera, que le permiten alejar las amenazas contra su territorio y llevar la inestabilidad a sus rivales -aunque en la retórica sean sus hermanos de religión islámica-, amenazar a Israel (una amenaza que las palabras -reiteradas- del presidente Ahmadineyad obligan a tomar en serio), y, por último, enfangar a Estados Unidos en Iraq y Afganistán.

La actuación de Estados Unidos ha tenido un efecto indeseado al liberar a Irán de su tradicional rivalidad con los talibanes y Saddam; ahora no hay países que puedan limitar su creciente influencia, al margen de los propios Estados Unidos, los únicos que tienen capacidad y voluntad para hacer algo, que se ven enmarañados por la estrategia iraní en Iraq y Afganistán. El gobierno de la República islámica sabe que el tiempo es el factor clave.



Casi todo el mundo parece tenerlo claro; no en balde, tras el estallido de la crisis los líderes de los países árabe-islámicos condenaron a Hizbolá, porque saben en nombre de quien obra. Egipto, Turquía, Jordania, Iraq, Afganistán, etc. saben lo dañina que sería para ellos la primacía regional iraní (otro punto contra la Alianza de Civilizaciones, que promueve una visión homgénea y sin fisuras del mundo islámico, muy lejana a la realidad).

Y mientras, Naciones Unidas como siempre, a verlas venir, dividida en estúpidas charlas de café sobre negociaciones en las que no sabe qué negociar. Una vez más, los retrasos, las divisiones y la incapacidad de la ONU son útiles para los que se saltan la norma. El reloj corre a favor de Irán. Durante días no se habla de su programa nuclear, ni de las declaraciones alucinadas de Ahmadineyad.


Irán mueve sus fichas, despista, sus representantes se reúnen con Felipe González, con Javier Solana, con quien haga falta y usan los foros multilaterales, como la Cumbre de los No Alineados, para ganar apoyos y aliados para su política.

¿Y éstos son los co-promotores de la Alianza de Civilizaciones? ¿Qué tipo de Alianza proponen cuando al mismo tiempo hablan de "borrar Israel del mapa"?

En Oriente Medio, Irán, el elemento recurrente al fondo de cada crisis, se mueve con mucha habilidad aprovechando el "efecto CNN"; Occidente, bajo ese mismo efecto, dirige su atención como en un partido de tenis se sigue la bola. No sé, pero no parece la mejor manera de diseñar una estrategia coherente.


Sobre Irán algo noticiable vía Barcepundit

No hay comentarios: